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El Tao y la música




PorBlas Matamoro - Publicado el 23 July 2015

El Tao y la música

Gengis-Kan ha quedado en la historia como un feroz conquistador que arrasó gran parte de Asia y cuyas hordas, en tiempos sucesivos, ocuparon casi la mitad de Europa. Su técnica consistía en vencer sobre el campo de batalla, destruir ciudades, masacrar a soldados y civiles y hacer esclavos a los demás supervivientes, reuniéndolos con sus ganados. No obstante, se enterneció ante la exquisita civilización china y en 1220 mandó llamar a un sabio taoísta, Tschang-Tschung, quien lo adoctrinó sobre sus creencias.

Una parte más que curiosa de sus enseñanzas se refiere a la música. Entre el cielo y la tierra hay numerosos fenómenos que los vinculan y que en su mayoría escapan al conocimiento humano. El espacio intermedio, donde se encuentran lo celestial y lo terrenal, tiene forma de fuelle. Si se lo acciona, produce sus efectos, lo mismo que si se sopla una flauta. La tierra es el instrumento, el cielo proporciona el aliento y el Tao es el flautista. Ininterrumpidamente, el mundo es una infinitud de melodías. Surgen de la nada, dotan de ser a todas las cosas y vuelven a la nada para luego retomar su concierto solista.

Las melodías se desvanecen pero sus ecos siempre se escuchan. Esta perpetua música asegura la continuidad del mundo, efímero y permanente como suele ser la propia música. Produce sin poseer, obra sin conservar, pide sin dominar. Es lo inherente al Tao que, observado desde la melomanía o la melofilia, parece un gran compositor, acaso un repentista, un improvisador, pero de notoria eficacia cósmica.

Es evidente que una misma concepción musical del mundo aproxima al taoísmo y al pitagorismo, aunque es difícil que hubiera habido contacto entre ambas escuelas. La imagen común es un orden musical del cosmos. Quizás el entendimiento humano pueda prescindir de estas comunicaciones y pensar lo mismo a distancia y en fechas dispares. Lo vemos en los objetos que han trabajado distintas culturas antiguas, cuya similitud y hasta modernidad nos sorprenden en las exposiciones y los museos.

Gengis-KanNo sabemos cuánto crédito dio el feroz Gengis-Kan al sabio chino pero, por seguir la analogía taoísta, los ecos de aquella mítica flauta se siguen oyendo por el mundo. Han perdurado más que el imperio mongol y que tantos otros imperios que, muy poco musicales, llenaron sus días y sus siglos con el estruendo de la guerra.