Ud. está aquíInicio / Mayo 2016 / Opinión / El (muy) humano deseo de seguir

El (muy) humano deseo de seguir



El (muy) humano deseo de seguir

Después de cuarenta años de desempeño de un trabajo ejemplar, James Levine dejará al final de esta temporada la Metropolitan Opera de Nueva York. Levine, que sólo tiene 72 años, lleva unos cuantos luchando contra la enfermedad, primero a causa de una caída en 2006 y luego ya con los síntomas del mal de Parkinson. A lo largo de cuarenta temporadas su trabajo ha significado lo que se le pide a cualquier director musical: elevar el nivel de su orquesta y, en lo que toca a su responsabilidad en la programación, ayudar a mantener ese equilibrio, tan complicado, más que entre novedad y tradición entre los distintos elementos que componen esta con el añadido de títulos y autores nuevos que más que atacarla la respeten. Así es su público y hay que tener cuidado. Tiene la ventaja interior y el inconveniente externo de ser americano, es decir, de haber tenido que soportar esos patrones tópicos que todavía operan entre la gente de la música clásica, aún cuando, ciertamente, sea el director más versátil que ha dado su país después de Bernstein y junto a Michael Tilson Thomas, teniendo sobre este la ventaja, precisamente, de su dedicación operística. Quiere decirse que, aun a pesar de lo que suponía la dirección de la Metropolitan Opera como aval aparentemente indiscutible, quedaba bien entre los conocedores menospreciar su figura y olvidar, nuevamente desde el dogma, su logro en repertorios que al parecer sólo podían estar en determinadas manos: el wagneriano, no faltaba más, el primero. No es un editorial una reseña y, por tanto, no tiene sentido ir más lejos. Añadamos la no muy brillante estancia del maestro como titular con la Filarmónica de Múnich tras Celibidache, un puesto que quizá no debiera haber aceptado en función de sus características, su manera de hacer y el fantasma gigantesco que lo iba a vigilar desde quién sabe qué más allá.

Levine, y de ahí su presencia en esta página, ejemplifica el trabajo, la tenacidad, la versatilidad —pensemos en lo buenos que son su Brahms o su Mahler, su Schoenberg también— pero también eso tan humano como es el afán de permanecer, el terror al olvido, el miedo, si queremos ponernos trágicos, a dejar de trabajar cuando el trabajo lo ha sido todo. En esta misma revista manifestaba el gran Menahen Pressler, noventa y dos años y en activo, cómo le horrorizaba pensar en tener que dejar de tocar el piano. Y lo mismo le sucedía a Horzowski o a Ciccolini. Y entre los directores, ahí están longevos y en activo Stanislaw Skrowaczewski, Georges Prêtre o Herbert Blomstedt, con sus agendas llenas para los próximos años. Aquello que Paul Eluard llamó el duro deseo de durar es en esta clase de artistas la implacable necesidad de seguir en pie, el único modo de continuar vivos. 

El legado de James Levine quedará, o debiera quedar, como ejemplo de la entrega de un director musical a su teatro —eso que llamamos profesionalidad— y de un músico a sus oyentes. Su única falta, haber calculado mal el final y haber tenido que leer más de una vez los nombres de sus posibles sucesores y, lo que es peor, que debiera decir, de una vez, si se iba o se quedaba. Y es que el final de las grandes carreras debe producirse siempre un minuto antes de que la gloria conseguida pierda un gramo de su peso. Que la nostalgia le sea leve.

(Editorial publicado en Scherzo nº 318, mayo de 2016)

En la Tienda de Scherzo puede adquirir la revista completa del mes en formato PDF (precio: 4 Euros) o en papel (precio: 7,50 Euros) así como cualquiera de las secciones en la que la hemos dividido: Dosier o Discos (precio de cada sección: 2 Euros).

También está disponible la suscripción online (precio: 40 € / 11 números)

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter