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El cuarteto de cuerda



El cuarteto de cuerda

La revolución, con Beethoven como epicentro. En la década de los 30 soplan nuevos vientos.  Hasta entonces habían sido moneda de cambio los ataques imprecisos,.los glissandi excesivos e injustificados, las puntuales desafinaciones, los sonidos espurios. los desencuentros en el fraseo, los manierismos, la rigidez en los tempi… Con el Busch Quartett (y sus sucesores directos) se superan muchos de estos arcaísmos y la expresión se condensa y trasciende a un nuevo mundo sonoro y artístico, más libre, hondo y humano… Buena prueba de ello son sus registros de La muerte y la doncella del 36 o el Quinteto con clarinete brahmsiano del 37, con un excelente Reginald Kell. La gran revolución interpretativa, sin embargo, tiene como objetivo la obra de Beethoven. En sus registros de los Cuartetos del de Bonn (grabados para Victor y EMI entre 1932 y 1942), el Busch sembrará la semilla que habrá de germinar en el futuro inmediato. Aunque todavía prevalezcan los inevitables portamenti —presentes en, por ejemplo, el Lento assai del Op. 135 (1933) o la Cavatina del Op. 130 (1941)—, éstas son las primeras ejecuciones de las Sagradas Escrituras beethovenianas con una óptica renovada. Los visionarios Adagio ma non troppo del Op. 127 (1936) y Molto adagio del Op. 132 (1937) se ven inundados, respectivamente, por un sentimiento de resignada desolación y por premoniciones de terribles tragedias. Es ésta además la mejor época del conjunto, ya que Busch congrega a su alrededor a su hermano Hermann al violonchelo, a Gösta Andreasson al segundo violín y Karl Doktor a la viola. El empaste y la densidad tímbrica son asombrosos.

El terror ante el auge de los fascismos y el dolor de la Segunda Guerra Mundial socavarán violentamente la sensibilidad artística universal. En aquellos días, siguiendo la senda del Busch, el Budapest String Quartet transforma aún más la visión global del repertorio. Formado por discípulos del violinista Jenö Hubay y el violonchelista David Popper, el Cuarteto de Budapest es la primera agrupación de funcionamiento verdaderamente democrático. Su actividad arranca en 1917 pero es en la década de los 40 cuando hace sus aportaciones más sustanciosas. Son los años en los que sus componentes son el colosal Josef Roisman, Alexander Schneider, Boris Kroyt y Mischa Schneider. Aunque en otras grabaciones del conjunto (como el temprano Cuarteto Op. 76, nº 1 de Haydn —del 26— o el Quinteto con clarinete de Mozart con el excepcional, tímbrica y musicalmente, Benny Goodman —del 38—) reconocemos unas maneras persuasivas y personales, son, de nuevo, sus Cuartetos Opp. 95, 127, 131, 132 o 135 de Beethoven, registrados entre los años 1940 y 1945 para la compañía Columbia, los que testimonian una evolución con respecto a los postulados impuestos por Busch y los suyos: los tempi se tensan y equilibran, la expresión se aquilata, los manierismos del pasado se difuminan y la destreza técnica se magnifica.

El Végh Quartet es el siguiente protagonista en esta renovación lingüística y estética. La agrupación nace en Budapest en 1940, cuando Sándor Végh —hasta entonces primer violín del Cuarteto Húngaro— cede su atril a Zoltán Székely para formar precisamente su propio conjunto. Has ta su disolución, acaecida en 1980, la agrupación mantiene prácticamente la nómina original: además de su fundador y primer violín, Sándor Zöldy, Georges Janzer y Paul Szabo. Su primera integral beethoveniana, grabada en 1952, constituye un paso más en la instauración del nuevo lenguaje cuartetístico. A pesar de algunas puntuales debilidades de arco y languideces fraseológicas del propio Végh, el conjunto alcanza unos elevadísimos niveles de compromiso expresivo, unidad arquitectónica y transparencia polifónica, que les sitúa igualmente en una privilegiada posición histórica (la excepcionalidad e inspiración del violinista y director húngaro estuvieron siempre fuera de toda duda). El Cuarteto Végh hará también fama con sus Cuartetos de Bartók, sus registros de los 50 para Decca (Brahms, Smetana, Kodály…) y su postrero retorno al corpus beethoveniano (1972-1974, Valois).

Por el pedregoso camino queda el valeroso intento del joven Paganini Quartet, cuya incompleta integral beethoveniana para RCA (1947-1953) intenta también actualizar sus presupuestos expresivos con los hallazgos de los Cuartetos Busch y de Budapest presentes, a partir de unos principios arquitectónicos y psicológicos muy equilibrados, una solvencia técnica notoria y una más que resaltable belleza de sonido (este grupo formado en Washington en 1946 por el violinista Henri Temianka y el chelista Robert Maas tañía los Stradivari que pertenecieron al compositor y virtuoso del violín italiano —de ahí su nombre). Sin embargo, su visión de Beethoven no alcanza la trascendencia de las agrupaciones reseñadas (buen ejemplo de ello es su inconexa ejecución de la Canzona di ringraziamento del Op. 132). El Paganini es en cierta medida heredero de la escuela franco-belga, ya que Maas procedía del Pro Arte Quatuor.

Otros conjuntos surgidos en las décadas de los 30 y 40 fueron el mencionado Cuarteto Húngaro (Budapest, 1935-1972; excepcional intérprete de Bartók que se despide con unos corpulentos, elegantes, vitalistas y emocionantes Cuartetos dedicados a Haydn, con un inolvidable —casi septuagenario— Székely en el primer violín); el norteamericano Hollywood String Quartet (fundado en 1939 por su primer violín, Felix Slatkin, y su esposa y chelista, Eleanor Aller, padres del director Leonard Slatkin; especialmente volcado en la música del siglo XX); el austríaco Barylli Quartett (1939, inquilino de la Musikverein vienesa entre los años 1951 y 1960: su primer violín y fundador, Walter Barylli, era el concertino de la Filarmónica); el inglés Philharmonia Quartet (creado en Liverpool a principios de la misma década por Henry Holst, el otrora concertino de la Filarmónica de Berlín); el francés Pascal Quatuor (nacido en los primeros 40 por instigación del viola Léon Pascal, excomponente del Calvet); o el checo Cuarteto Smetana (activado por Antonin Kohout en Praga en 1943). (...)

Jesús Trujillo Sevilla
(Extracto del artículo titulado La gran tradición interpretativa publicado en el dosier El cuarteto de cuerda del número 283 de Scherzo, marzo de 2013)

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