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Dos "Lohengrin" en el aire: Bruselas y Bayreuth


Santiago Martín Bermúdez

En el aire tenemos en este momento dos Lohengrin recientes, el de La Monnaie de Bruselas y el del Festspielhaus de Bayreuth. Búsquenlos, que todavía están ahí. Las imágenes son muy buenas en el caso de Bruselas y aceptables en el de Bayreuth.

La producción de La Monnaie, firmada Olivier, se presentaba como una alternativa a Bayreuth. Nada menos. El propio Olivier Py salía a escena e informaba al público sobre el sentido de su puesta, que es bastante audaz; algunos dirían temeraria. La acción se sitúa en la Alemania destruida, en ruinas, de 1945. No es cuestión de hacer crítica aquí, solo de dejar una opinión: te guste o no una puesta en escena moderna, lo que no se puede hacer es añorar el repertorio como se supone que lo vimos siempre, como si la escena no tuviera nada que ver con situaciones, personajes, tramas, línea de canto, envolvente orquestal… Todo eso. No olvidemos que si ópera es canto y es instrumentos, la ópera se inventó sobre todo para ver. Para verla. Las críticas han sido favorables, en general, aunque partían siempre de un cierto estupor. Se ve que Py ha conquistado a la crítica a medida que avanzaba la función. 

Reparto y dirección: Eric Cutler, Ingela Brimberg, Andrew Foster-Williams, Elena Pantratova; direccion musical de Alain Altnoglu.

Esto era en junio pasado. En agosto, Bayreuth presentó su Lohengrin con puesta en escena de Yuval Sharon. Este nombre judío no estaba ahí para desmentir a Olivier Py, quién si para exorcizar la verde colina. Ahí estaba Christian Thielemann, en el pozo (más que foso), y no tuvo que tragarse los ratones de Neuenfels (2011), ya que esta producción hereda mucho del trabajo anterior de Neo Rauch y Rosa Loy en cuanto a diseños, y él mismo pretendía huir de modernidades. Pero nadie huye de su tiempo, y la producción es moderna de concepto por mucho que los figurines se inspiren en la iconografía flamenca del siglo XVII. No se pretende provocar más que lo justo, aunque hay escenas que siempre requieren un esfuerzo de imaginación tanto al director más rutinario como al más entrometido. Lo cierto es que la escena de Bayreuth se ha convertido en un microcosmos alemán, y a menudo hay que ser más moderno y más antinazi que nadie. Bueno, al menos Alemania reconoce sus culpas. Japón y Austria deberían hacerlo un día, nunca es tarde.

Reparto: Piotr Beczala, Anja Harteros, Tomasz Konieczny, Waltraud Meier.

Si Bruselas pretendía ser una alternativa a Bayreuth, lo ha conseguido. Bayreuth, por su parte, logra ser alternativa de sí mismo. Como cada año, unas veces por exceso y otras por voluntario defecto. No se trata solo de imaginación, sino de esos bandazos no siempre oportunistas de la familia Wagner.