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De cabeza en la música




PorBlas Matamoro - Publicado el 24 Diciembre 2015

De cabeza en la música

La situación de los centros que en el cerebro controlan nuestra actividad musical ha sido objeto de acuciosos estudios, de los cuales me atrevo a rememorar los de Oliver Sacks, neurólogo y músico a la vez. De música sé alguna cosa y de neurología, nada. Por ello he leído con asombro las noticias acerca de operaciones quirúrgicas llevadas a cabo en California y Andalucía –concretamente, en Málaga– durante las cuales el intervenido, un músico, siguió tocando su instrumento. Más aún: eran intervenciones para extraer tumores cerebrales y en tanto se producían, el paciente conservaba su consciencia, sedado y dotado de analgésicos que le evitaban cualquier dolor.

En efecto, a un profano dispuesto a la admiración y la sorpresa, no deja de dejarlo estupefacto la imagen de un hombre al cual le están explorando el cráneo para librarlo de un tumor y, mientras tanto, controlan cómo funcionan sus centros cerebrales del lenguaje, de modo que la operación no le deje dañosas secuelas. Y, mientras tanto, también, lo mantienen consciente, le dan charla, hacen funcionar su memoria y permiten que toque el saxofón.

Es entonces, en ese cruce de actividades, cuando vuelvo a Sacks, quien dice que nuestra vida musical no tiene un solo centro de control y registro en el cerebro sino que afecta a distintas zonas, especializadas en tareas diversas, de algún modo todas ellas musicalizadas. De tal manera, tocar música durante una intervención quirúrgica, mantiene activa una diversidad de centros nerviosos y evita su atrofia o anulación posoperatorias. O sea que la música nos ahorra la invalidez y nos permite continuar nuestra vida activa, eludiendo seguir vegetando a medio gas o completamente a oscuras, como un impersonal animalito doméstico.

Es sabido que la música, fuera subrayada por la palabra del canto o la movilización corporal de la danza, se consideró curativa entre muchas culturas de la antigüedad. Acaso las más sutiles y complejas técnicas quirúrgicas de hoy reaviven la vieja verdad del arte sonoro: el hombre hace música, canta y combina notas y figuras mientras está vivo y sigue vivo en tanto lo anima la música.

Blas Matamoro