Ud. está aquíInicio / Septiembre 2014 / Entrevista / Daniel Barenboim

Daniel Barenboim



Daniel Barenboim

Difícil encontrar nuevos elogios para el inagotable Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942), cuya actividad trasciende, aun siendo la más inmediata, a la de su doble faceta de director y pianista. Empezando por su compromiso con el momento de la Historia que le ha tocado vivir, en el que, más allá de adoptar la actitud de observador, ha pasado a engrosar el capítulo de protagonistas, por utilizar la terminología de alguno de los teatros operísticos de los que se ha responsabilizado, situando a las respectivas orquestas del foso en referentes sinfónicos. Es el caso de la Staatskapelle de Berlín o de la Filarmónica de la Scala de Milán, que abandona a finales de este año. Ocurrente, ingenioso, salpica la conversación con luminosas anécdotas que revelan el ser humano que el artista lleva dentro. La reciente visita a su ciudad natal con la Orquesta del West-Easter Divan, materialización de la idea gestada con el desaparecido Edward Said, da muestra de su talante organizativo y su capacidad para convencer. Como sucede con el Festtag berlinés, que en 2015 cumple veinte años. A su incesante capacidad imaginando discos y grabaciones videográficas que abruman por número y calidad, une ahora, en decidida apuesta por el futuro, la de creador de un sello digital, bautizado como Peral.

En la gira que este mes inicia con la Staatskapelle por Colonia, Wiesbaden, Helsinki y Moscú, lleva como platos fuertes, igual que en julio en Madrid y Barcelona, dos obras de Richard Strauss conmemorando los 150 años de su nacimiento: Vida de héroe y Don Quijote. ¿La Historia le juzgará a usted, como héroe o como quijote?

¿A mí? No lo sé. Y la verdad es que no me preocupa mucho cómo me va a juzgar la Historia. Me preocupa mucho más llevar una vida digna, hacer aquellas cosas que me parecen importantes o me divierten, y ya está. Tal vez no tiene sentido preocuparse por cosas sobre las cuales uno no tiene ningún poder. Nadie me va a ver de una forma o de otra porque yo quiera que me vean así, sino de acuerdo con su criterio. Así que mejor no preocuparse por ello.

¿Usted se ve como quijote?

No. Yo me veo como Daniel.

En uno de los dos programas para Ibermúsica en Madrid, junto a Schubert figuraba la Segunda Sinfonía de Elgar, que acaba de grabar junto con la Primera. Un compositor del que el público parece sólo recordar Pompa y circunstancia o el Concierto para violonchelo, que usted situó en las más altas cotas junto a Du Pré. ¿Ha vuelto a fijar su mirada en Elgar para reivindicarlo?

Creo que a Elgar se le ha olvidado muy injustamente. Yo grabé casi toda su obra en los años 70: las Sinfonías, las Variaciones Enigma, el Falstaff, las célebres Marchas… un montón de cosas. El problema de Elgar es que nunca fue aceptado plenamente en el resto del mundo, si exceptuamos la alta estima que algunos nombres aislados le profesaron. Como Mahler, que dirigió las Variaciones Enigma en su penúltimo concierto en Nueva York antes de regresar a Europa para morir. O Richard Strauss, que en torno a 1904 lo proclamó como el más grande de los compositores vivos… Cuando se habla de él, se le cita como “el compositor inglés Elgar”, cuando nadie dice “el compositor francés Fauré” o…

…el compositor “alemán” Beethoven.

De los grandes nombres no hablo. Por eso dije Fauré y no Debussy. Pero lo cierto es que la relación que tienen los ingleses con Elgar, es muy rara. Por un lado se sienten muy orgullosos y por otro parecen mostrar un cierto complejo de inferioridad, porque piensan que entre Purcell y Elgar no tuvieron un gran compositor. Se saltaron los siglos XVIII y XIX, que es muchísimo tiempo. Pero Elgar es un personaje muy interesante. Para empezar, por ser católico, circunstancia que en Gran Bretaña a principios del siglo XX era casi tan negativa como la de ser judío. Estaba arrinconado; al margen de todo. La prueba es que El sueño de Geroncio, posiblemente su obra maestra, no la dejaron tocar en Inglaterra mientras Elgar no aceptase cambios en el texto, firmado por el cardenal Newman, católico evidentemente. Elgar, como era lógico, se negó, y por eso su Sueño de Geroncio se tocó por primera vez en Düsseldorf. Y allí estaba Richard Strauss. Después de la Primera Guerra Mundial, cuando ellos sí tenían la necesidad de un héroe —y no lo digo con cinismo, sino con un buen grado de comprensión— es cuando lo reconocieron como el “héroe de la música inglesa” y, paralelamente, el nombre de Elgar se olvidó en el resto del mundo. La única obra que de verdad entró en el repertorio internacional defendida por directores de todo el mundo son las Variaciones Enigma. Cuando conocí a Jacqueline, yo tampoco sabía nada absolutamente de Elgar. Conocía su nombre pero ignoraba quién era. Me fascinó haciendo el Concierto de violonchelo con ella. A partir de ese momento, la curiosidad me llevó a revisar sus partituras, que dirigí en su totalidad más o menos entre 1967 y 1980.

¿Qué conclusiones añade tras la experiencia actual?

En primer lugar, que Elgar tiene un estilo muy personal que, aunque en parte se pueda definir como inglés, no es sólo la grandilocuencia del Imperio Británico. Existe además cierto nervio muy personal, que debe ser lo que fascinó a Mahler, ya que interpretativamente supone una gran dificultad que se corresponde con una gran riqueza en el resultado. (...)

Luis Suñén
(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 299 de Scherzo, septiembre de 2014)

En la Tienda de Scherzo puede adquirir la revista completa del mes en formato PDF (precio: 4 Euros) o en papel (precio: 7,50 Euros) así como cualqiera de las tres secciones en la que la hemos dividido: Dosier, Discos o Actualidad (precio de cada sección: 2 Euros).

También está disponible la suscripción online (precio: 40 € / 11 números)

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter