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CRÍTICA / Vitalista "Consagración"


Murcia. Auditorio Víctor Villegas. 16-III-2018. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM). Boris Belkin, violín. Directora: Virginia Martínez. Obras de Mozart y Stravinsky.

José Antonio Cantón

En el sexto concierto de abono de la temporada de la ÖSRM, se presentaba dicha formación con su titular al frente y el violinista ruso-belga Boris Belkin, destacado en su país de origen entre los instrumentistas de su generación, con una sólida carrera profesional y acreditado reconocimiento musical. Su presencia concitó expectación entre el público, gran cantidad de estudiantes de instrumentos de cuerda, ávidos de contemplar las excelencias de un intérprete que a su vez tiene un gran prestigio como didacta y pedagogo. El otro aliciente del concierto era la interpretación de dos obras de Igor Stravinsky; el Canto fúnebre op. 5 y, sobre todo, esa inefable descripción de la Rusia pagana que es La consagración de la primavera, que llegó a reunir noventa y ocho músicos en el escenario del auditorio.

Después de ser bien tratado el sentimiento elegíaco que desprende la obra, que Stravinski compuso con motivo del fallecimiento de su maestro Rimski-Korsakov, en la que hay que destacar el seguro pulso mantenido por Virginia Martínez, se sucedió el Concierto nº 4 para violín y orquesta en Re mayor K. 218 de Mozart, ejemplo concertante clásico de canónica factura.

Después de un inicio titubeante de los primeros violines, que tardaron unos compases en homogeneizar afinación y dinámica, la entrada del solista favoreció la respuesta de la orquesta ya que se convertirtió en elemento de cohesión expresiva concertante ante la diversidad de motivos del Allegro inicial, que expuso con académica expresividad, buscando más las soluciones musicales que el lucimiento. Éste hizo su aparición en la línea de canto del Andante central sin el más mínimo amaneramiento. Belkin mantuvo todo su discurso melódico con claridad, elegante distinción y capacidad de fraseo, como las exhibidas en la coda donde mostró el poético aliento que puede llegar a emanar de la incisiva sonoridad del violín que habitualmente utiliza, construido por ese gran heredero de la tradicional luthería italiana cual es el boloñés Roberto Regazzi. 

Solista, directora y orquesta supieron imprimir ese carácter, que se percibe también en las repeticiones del final de la Serenata K. 204, en el último movimiento de esta obra concertante. Son claros en la diversidad de su temática y consecuentes a sus indicaciones de tempo, sabiendo insinuar los aires de una musette popular de Estrasburgo que, concretamente, da el sobrenombre a esta obra de "Strassburger-Konzert". Una partitura, que está más dirigida a oyentes muy avezados, analistas o especialistas en armonía que al público en general, dadas las soluciones que da Mozart a sus dificultades estructurales, técnicas y estilísticas que sustentan su inspirada belleza. Este es el motivo de que no cause el asombro y la agradable sorpresa que producen la gran mayoría de las creaciones del genio de Salzburgo.

El momento cumbre de esta velada sinfónica vino propiciado por la obra más singular del catálogo "stravinskyano" como es La consagración de la primavera. Si ya con la Séptima Sinfonía de Mahler Virginia Martínez había desarrollado un trabajo digno de mención unas semanas antes, en el quinto concierto de abono de la presente temporada de la ÖSRM, en esta ocasión ha sido superado con creces, obteniendo un resultado verdaderamente encomiable. La madurez musical con la que se ha planteado la enorme dificultad que encierran los tempi de esta obra, tanto en sí como en su encadenamiento dentro de su convulso y contrastante desarrollo, ha sido uno de los secretos de esta excelente interpretación. Otra de sus virtudes ha sido saber propiciar la máxima entrega en el casi centenar de músicos que integraban la orquesta, produciéndose una conexión entre instrumentos y pódium pocas veces alcanzada en la historia de esta formación que, con la programación de estas grandes obras orquestales, está siendo ambiciosa en su proyección de futuro. 

Materia musical, compromiso, entendimiento y conocimiento han hecho posible una interpretación de tan vital expresividad que el público se deshacía en aplausos tanto a la directora, al conjunto de la ÖSRM como a cada una de sus secciones instrumentales, de las que habría que destacar la percusión, liderada por el timbalero Miguel Ángel Alemán, que dio todo un recital de musicalidad y capacidad técnica. Virginia Martínez, con actuaciones como ésta, se está marcando un camino muy exigente que, a buen seguro, redundará en el crecimiento de su carrera con la correspondiente repercusión en la orquesta, que está pasando posiblemente por el momento más dulce de su historia, circunstancia que hay que aprovechar para abordar más y mejores compromisos artísticos.

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