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CRÍTICA / Violín dodecafónico


Murcia. Auditorio Víctor Villegas. 18-V-2017. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM). Birgit Kolar, violín. Director: Georg Mark. Obras de Beethoven, Berg y Schubert.

José Antonio Cantón

Cuando hay oportunidad de escuchar en vivo alguna de las obras que han marcado el devenir de la historia de la música, como ocurre con el Concierto para violín y orquesta de Alban Berg, hay que aprovechar la ocasión, más aún si viene servido por una intérprete que conoce la tradición y estilo dodecafónicos como es la violinista austriaca Birgit Kolar que, acompañada en el pódium por su compatriota Georg Mark, ha ofrecido una interpretación realmente consecuente con los dictados técnicos e intenciones emocionales que encierra esta singularísima creación del serialismo musical.

Un manifiesto sentido poético marcó el discurso que imprimió a su ejecución, realzando desde el primer compás el dolor que inspiró su composición; la muerte prematura en 1935 de Manon Gropius, joven por la que Berg tenía un especial afecto y admiración por su belleza, hija de Alma Schindler (viuda de Mahler), fruto de su posterior matrimonio con el célebre arquitecto Walter Gropius. Tales sentimientos han sido plasmados por Birgit Kolar en su violín, manifestando un claro contraste entre el lirismo del Andante inicial con el subsiguiente sosegado Allegretto, en el que hizo una lectura precisa, a la vez que expresiva, de sus dos tríos. Se adentró en el último movimiento con una gran carga de dramatismo que se acentuó en esa especie de cadencia situada en el centro del Allegro con el que se inicia.

A partir de ese pasaje del concierto, la personalidad musical del maestro Georg Mark se equiparó en protagonismo con la solista al conducir la orquesta a ese momento sonoramente terrorífico que precede, como transición, al Adagio que cierra esta obra, una prodigiosa progresión serial de Berg inspirada en música coral de Juan Sebastián Bach, que fue expresada con destreza tanto por la solista como por la orquesta, alcanzando un destacado sentido concertante. Como respuesta a los aplausos del público, Birgit Kolar, comprendiendo la dificultad de escucha de la música dodecafónica, interpretó el emocionante Largo de la Sonata en Do BWV.1005 de Bach haciendo un alarde de delicadeza espiritual con una música bastante próxima en expresividad al angélico concierto de Berg, y donde lució el mejor sonido de su instrumento construido por el cremonés Carlo Bergonzi.

La velada, que había empezado con una interpretación de la obertura Rosamunda D 797 de Franz Schubert, en la que Georg Mark dejó claro su inconfundible aire vienés, concluyó con la Séptima Sinfonía de Beethoven, donde este maestro salzburgués materializó ante la ÖSRM todas las experiencias que tiene como intérprete y docente. Después de su precisa y aleccionadora lectura de Berg, se adentró en una de las sinfonías más turbadoras del genio de Bonn con la seguridad de venir de vuelta de lo que esta obra significa. Así supo dar a la orquesta las claves de su ejecución a la vez que se sentía a gusto e identificado con la respuesta de los músicos que, sensibles a la escuela vienesa que este director detenta y representa, supieron aprovechar su enseñanza y ejecutoria permitiendo que se produjera una complacencia general del auditorio manifestada en nutridos aplausos.