Ud. está aquíInicio / CRÍTICA / Una brillante presentación de Lezhneva

CRÍTICA / Una brillante presentación de Lezhneva


Madrid. Auditorio Nacional. 17-XI-2018. Julia Lezhneva, soprano. Mikhail Antonenko, piano. Obras de Vivaldi, Händel, Porpora, Mozart, Rossini, Bellini, Schumann y Schubert.

Blas Matamoro

Conocimos a Lezhneva en Madrid como handeliana y ahora podemos juzgarla en toda la amplitud de su capacidad interpretativa. Su carácter de soprano de coloratura, con excelente registro central y buenas visitas al grave, la hace propicia al mundo barroco y así lo puso de manifiesto en Vivaldi y Porpora, con sus endiabladas exigencias de agilidades, adornos y saltos de intervalos.

La técnica virtuosística de la cantante llega a deslumbrar porque las vocalidades se oyen nítidas y siempre timbradas con el esmalte característico de su órgano. En Haendel lució un decantado spianato con unos reguladores de volumen realmente magistrales, debidos a su exacto dominio del aliento. En Mozart reunió tantas cualidades para resolver su Exultate jubilate.

Lezhneva pudo fijarse en este repertorio pero decidió ocupar otros espacios. La Regata rossiniana fue resuelta con una gracia popular encantadora, en tanto una romanza belliniana volvió a dar la nota pensativa resuelta con impecable legato del adagio handeliano citado. Lo mismo en tres canciones de Schubert donde alternó el clima nocturno con la viñeta monjil y la alegría primaveral. La velada se remató con el final de La donna del lago de Rossini, en la cual la soprano montó toda una escena y lució nuevamente su virtuosismo de agilidad.

Modélico y brillante a la par resultó Antonenko, por su brío, la brillantez de su sonido y la convincente claridad de su fraseo. A solas, resolvió la Reverie de Schumann con profunda y decantada expresión, melodismo y atmósfera.