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CRÍTICA / Un sarao entre endrinas


Madrid. Café Comercial. 11-XII-2017. The London Music N1ghts. Forma Antiqva. Obras de Sanz, De Murcia, Mozart, Caldara, Kapsberger, Valente, Vitali, Corbetta, Rameau, Scarlatti y anónimas.

Eduardo Torrico

Hubo un tiempo (hablamos de los años 70 y 80 de la pasada centuria) en que la única posibilidad de escuchar en Madrid música antigua y, más concretamente, música barroca pasaba por asistir a un café-bar llamado La Fídula (sigue existiendo, pero ahora con propuestas muy diferentes). Hoy en día, la oferta de música antigua que tiene la capital de España es, por suerte, una de las más importantes —por cantidad y por calidad— de Europa. Sin embargo, son muchos los veteranos adictos a repertorio antiguo que extrañan aquella veladas de la calle Huertas. Ese espíritu perdido se está recuperando gracias The London Music N1ghts, iniciativa que tiene lugar en el Café Comercial cada segundo lunes de mes. En un ambiente distendido —bastante alejado del tradicional de los los conciertos de la llamada música clásica—, entre gin-tonic y gin-tonic, el turno en diciembre ha sido para los tres hermanos Zapico: Daniel, Pablo y Aarón o, lo que es lo mismo, Forma Antiqva en su edición de bolsillo.

Los Zapico acumulan muchos méritos en su haber desde que hace ya tres lustros iniciaran su andadura, pero sin duda alguna el más notable de esos méritos es el de reinventarse cada día. Solo así se entiende que sean capaces de confeccionar un programa con un orgánico (tiorba, guitarra y clave) para el que no hay escrita ni una sola nota en la historia de la música. Ello supone que además de tocar (y bien, como lo hacen ellos), tienen que acometer previamente un arduo trabajo de reescritura, de adaptación, de transcripción o de arreglo (lo que prefieran) de las obras que forman parte del programa. En este caso, de autores españoles e italianos, con alguna que otra incrustación francesa (Corbetta, Rameau...) o, incluso, austriaca: ni mas ni menos que compostura del aria mozartiana Deh viene alla finestra, de la ópera Don Giovanni.

Las obras de Gaspar Sanz y de Francisco de Murcia (guitarristas por antonomasia del Barroco ibérico, con Guerau, por supuesto), unidas a otras de las que compilaron en sus colecciones Antonio Martín y Coll y Francisco de Tejada, sonaron lozanas y jaraneras en este festín entre endrinas que se montaron los Zapico en el Café Comercial, junto a las de aquellos italianos que, como Kapsberger o Vitali, se dejaron seducir por ostinati de procedencia ibérica, bien peninsular, bien ultramarina (chaconas, folías o pasacalles, por ejemplo). Y con un remate antológico y extraordinariamente sui generis: el Fandango de Scarlatti.

Si en aquellos tiempos esta música, de inequívoca y profunda raíz popular, sonaba siempre en entornos festivos y bullangueros, no se me ocurre mejor extrapolación temporal que la vivida este último lunes en el Café Comercial. Un sarao en toda regla.