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CRÍTICA / Un "Cascanueces" fantástico en Bogotá


Bogotá. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo. 6-XII-2018. Chaikovski, El cascanueces. Lara Costa, Felipe Arango, Rodrigo Guzmán, Gabriel Bucher, Andreza Randisek, Romina Contreras. Ballet de Santiago de Chile. Ballet Tosin de Bogotá. Directort musical: Josep Caballé-Domenech. Coreógrafo: Jaime Pinto. 

Ricardo Visbal Sierra

La temporada musical navideña de Bogotá es muy entretenida por la variedad de conciertos que se llevan a cabo a lo largo y ancho de la capital colombiana. En general, al final de año se montan obras de gran envergadura y por ello, para finalizar el 2018, el Teatro Mayor como la Orquesta Filarmónica de Bogotá eligieron Cascanueces de Piotr Ilich Chaikovski para concluir la temporada. La versión seleccionada fue la del Ballet de Santiago con coreografía de Jaime Pinto.

El cuento Cascanueces y el rey de los ratones del escritor romántico alemán E.T.A. Hoffmann ha permanecido como un clásico puesto que, en sus páginas describe las navidades de la acomodada sociedad burguesa de Berlín de principios del siglo XIX. La idílica escena de la Nochebuena de la familia Stalhbaum se alegra al recibir un invitado especial, el mago Drosselmeyer quien con sus excentricidades lleva la voz cantante para divertir a los niños de la familia y, además, a todos los invitados que disfrutan la velada.

Hoffmann es un escritor de índole fantástico, en donde utiliza lo cotidiano para crear mundos de fábula y por ello, el feo cascanueces con su vestido militar, —que es tradicional en las familias alemanas—, le permite al escritor crear un relato en donde se unen la prosaica realidad diaria, con el mundo fantástico y de los sueños. 

En la versión del Ballet de Santiago, Drosselmeyer es uno de los personajes tradicionales y, no simplemente un personaje pintoresco que aparece sólo en el primer acto. En realidad, en la coreografía de Jaime Pinto es personaje que maneja los hilos de la acción desde el primer instante que sube el telón. A la mitad de la Pequeña obertura aparece el mago con los espíritus de la Navidad que le ayudarán a los festejos de la familia del consejero Stahlbaum.

Como es tradicional, el primer acto está ligado a la visión más teatral y la pantomima que se desarrolla en la Nochebuena. 

La versión del Ballet de Santiago con la escuela de Ballet Tozin de Bogotá, recrearon con gran acierto escénico la velada. en donde los niños esperan con gran expectativa todos los regalos que van a recibir. En la edición de Pinto, Clara y Fritz son adultos y no son niños como en otras coreografías tradicionales como la de Georges Balanchine.

La batalla entre los ratones y el Cascanueces fue uno de los momentos más divertidos de la pantomima del primer acto. Los trajes o disfraces de los roedores fueron tan graciosos que los niños de la audiencia rieron mucho cuando los veían. Además, durante el receso salieron a tomarse fotografías con el público y los chiquitines disfrutaron mucho con el acercamiento de los personajes que observaron en la escena.

Dentro de los mejores momentos de la danza clásica del primer acto, se puede referenciar el solo de la Reina de las nieves, interpretado por la bailarina Romina Contreras y, sobre todo, el Vals de los copos de nieve, en donde el cuerpo de danza femenino y masculino realizaron una coreografía dinámica y rápida, muy aplaudida al caer el telón. Lástima que no se incluyera el coro de voces blancas o femeninas porque la partitura pierde ensoñación en fragmento de la obra. Es un pequeño lunar de una estupenda representación que se pudo apreciar en Bogotá.

La escenografía como el vestuario fue diseñado por Pablo Núñez, un reconocido artista chileno, quien tomó la tradición clásica de los telones pintados, sobre todo, fue muy refinado el salón de la familia Stahlbaum y muy poético el campo nevado. En el primer acto hubo rápidos cambios de escena, que permitieron que la acción teatral se llevara a cabo con elegancia y con prontitud. En el segundo acto, eligió un estilo más aristocrático y muy francés, propio de los palacios reales, en vez de los paneles con dulces, muy frecuentes en otras versiones.

El segundo acto es muy esperado por los grandes aficionados del ballet porque es la parte del divertissement, del divertimento, de los distintos bailes que son lo más reconocido de el Cascanueces y que el mismo Tchaikovsky realizó una suite que, hasta hoy, no se ha dejado de interpretar. Las diversas coreografías que creó Jaime Pinto fueron muy creativas, pero como siempre, se destacó el momento que la reina del país de ensueño baila con su caballero el pas de deux. En esta edición, se llevó un pas de trois, en donde el Hada de azúcar (Andreza Randizek), como Drosselmeyer (Rodrigo Guzmán) y el Cascanueces (Gabriel Bucher) conjugaron el dominio de la técnica del arte dancístico con la delicadeza y el vigor de la exigida por los solos de la coreografía, así como los momentos de la conjunción de los bailarines.

Como punto final está la excelente labor de Josep Caballé-Domenech y la Orquesta Filarmónica de Bogotá que interpretaron la partitura con la precisión que la coreografía necesita. El conjunto logró unir la fuerza de la partitura del compositor ruso porque, no se puede dejar de comentar que, algunos fragmentos de Cascanueces están más relacionados al ámbito sinfónico y, otros, —sobre todo los del divertimento—, son más cercanos al ámbito dancístico. De este modo, el maestro catalán logró la conjunción de la fuerza del sonido de Tchaikovsky con la distinción de algunos momentos como el reconocido Vals de las flores.

Es importante anotar que el ningún malévolo grinch verde impidió que los niños de la audiencia disfrutaran del ballet. Es más, fueron los más entusiastas en aplaudir y comentaron todos los aspectos que sucedían en la escena. En esta versión de Cascanueces llevó a muchos chiquitines al país de la ensoñación y, además, se acercaron de una manera natural a la música clásica, en especial, a una de las obras maestras de Chaikovski.