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CRÍTICA / Temporada de la ROSS: concierto ruso por Navidad


Sevilla. Teatro de la Maestranza. 20-XII-2018. Tatiana Postnikova, piano. Vicent Morelló, flauta. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director: John Axelrod. Obras de Liadov, Rachmaninov, Chaikovski, Prokofiev, Mussorgski y Glinka. 

Ismael G. Cabral

Como si de un preámbulo del concierto de Año Nuevo se tratara, el último programa de abono de 2018 de la Sinfónica de Sevilla (ROSS) fue una suerte de deslabazado festival ruso, un extenso festín de clásicos populares en el que también se interpretó, para intentar empacar el concierto, la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov. Se contó para ello con la pianista titular de la formación, Tatiana Postnikova [en la foto], quien ya en la anterior temporada había dado muestras de su solvencia y buen hacer acompañando el aria mozartiana Ch'io mi scordi di te?... Non temer, amato. Tenía aquí sin embargo una oportunidad mucho mayor, la de defender una de las obras más sobresalientes del compositor ruso.

Postnikova afrontó la Rapsodia con un cierto distanciamiento que, a la postre, resultó de agradecer ante una música tantas veces escuchada y en donde el exceso de almibar opera en su contra. Fue el suyo un pianismo nada moroso, antes al contrario, rápido y un punto mecanicista en los episodios consagrados a las más puras agilidades. Planeó mucho el ascenso al clímax que constituye la variación XIII que paladeó con romanticismo pero sin, insistimos, exceso de edulcorante.

En todas y cada unas de las apariciones de Postnikova como solista (desde que defendiera el muy pertinente Concierto nº1 de Martucci en 2014) la hemos recibido con idéntico calor a la luz de sus resultados. La ROSS de John Axelrod la acompañó en Rachmaninov con gran arrobo, dejándola hacer, cuidando la voz del piano y suavizando los decibelios allá donde otras versiones naufragan en busca únicamente de pirotecnia. Ofreció después la teclista una amable lectura de Diciembre, de Las estaciones de Chaikovski.

Vino luego algo mucho menos interesante, aunque didáctico si se quiere de cara al público menos familiarizado. Ya habíamos oído para entonces la Polonesa op. 49 de Liadov, una nadería a la que quizá los compatriotas del compositor encuentren algo de gracia. La Polonesa de Eugenio Oneguin, de Chaikovski, y la Obertura de Ruslan y Ludmila, de Glinka, fueron dichas con poca inspiración y exceso de baile de Axelrod en el podio. Algo mejor la robusta Polonesa de Boris Godunov, de Mussorgski. El flautista Vicent Morelló encaró el aria de Lensky del Eugenio chaikovskiano con una elevada dosis de dramatismo, en ejemplar acuerdo concertante con Axelrod y la ROSS. Antes de marchar regaló uno de los momentos más sobresalientes de la noche, una versión reposada y sensualísima de Syrinx de Debussy.

Aunque a esas alturas sufríamos la saturación de un concierto poco explicable con prescindibles insertos narrativos en ruso que pretendían remarcar la referencia a Pushkin de las notas al programa, la suite del ballet Cascanueces resultó excelente. La batuta de Axelrod imprimió un clima agitado, brumoso y absolutamente inspirado en las diferentes danzas que conformaron el pack, integrándose nuevamente Postnikova entre los atriles, esta vez con una muy protagonista intervención desde la celesta.

(Foto: Guillermo Mendo)