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CRÍTICA / Sonorizado "pathos"


Granada. Patio de los Arrayanes de La Alhambra. 12-VII-2017. LXVI Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Javier Perianes, piano. Obras de Albéniz, Debussy, Falla y Schubert.

José Antonio Cantón

El programa con el que se presentaba Javier Perianes en esta edición del festival granadino constaba de dos partes bien diferenciadas, que iban a clarificar suficientemente su ser musical y calidad de intérprete. La primera tuvo su inicio con el Allegretto en Do menor D.915 de Franz Schubert. Una pequeña pieza que define de forma absoluta la personalidad del compositor. El pianista ahondó en los secretos de su discreta melancolía identificándose plenamente con este sentimiento, haciendo una lectura impecable de los silencios, que sonaron de manera magistral. El suave equilibrio de la dinámica de esta esencial página schubertiana fue transmitido con exquisito sentido poético, haciendo que el emocionante pathos que encierra el estilo romántico de este compositor se mostrase en su plenitud. Sin duda, una de las interpretaciones más hermosas que le he escuchado nunca a este intérprete.

Le siguió una sonata cumbre del repertorio pianístico la número veintitrés del mismo autor, D.960 de su catálogo. Fue en el primer forte, anterior al segundo tema de su primer movimiento, cuando se manifestó la amplificada sonorización electrónica con la que se pretendía facilitar la escucha, convirtiendo el Patio de los Arrayanes en una especie de magna caja de resonancia en la que el oyente se veía envuelto, perdiendo la simultánea percepción del foco óptico y el foco sonoro, como ocurre en toda interpretación natural. Me resisto a pensar que esta circunstancia, imagino bien ponderada y asumida por el intérprete, fuera una de las causas de que se resintiera ese imprescindible oído interno al que hay que recurrir ante la magnitud estética de esta obra, de modo especial en el cambio de tonalidad mayor a alterada menor en la que este tiempo moderado alcanza su más alto grado de dramatismo. Es en este tipo de pasajes donde se descubren los recreadores que aportan de aquellos que devienen del mimético aprendizaje interpretativo. 

Después de un Andante de contenida expresividad y cierta búsqueda de misticismo, que pueden considerarse adecuados a su iluminado mensaje dada una mayor concentración en la pulsación, Perianes transitó con tierna gracia en el Scherzo, como si de una liberación se tratara, adquiriendo su lectura cierta severidad en el trío central. El Allegro final lo revistió de un sentido juguetón, intentando lograr una clara articulación dentro del balance sonoro del instrumento que, de alguna manera, resultaba modificado por la respuesta que daban los bafles dispuestos por los laterales del recinto. 

La segunda parte del recital estuvo dedicada en su mayoría a música española, sólo contrastada con tres piezas de Debussy escogidas de algunas de sus más distinguidas colecciones pianísticas. La calma se hizo presente con la elegía musical, Le tombeau de Claude Debussy, que Falla dedicó a la memoria de este insigne compositor impresionista, apuntando cierto duende que posteriormente quedó algo diluido en la sesteante cadencia de El Albayzín de Albéniz, y en la que además se vio resentida esa prodigiosa y a la vez concentrada articulación necesaria para evocar los sonidos de la guitarra. El piano, menos afectado que otras veces en su entonación, no es el instrumento más idóneo para todo lo que puede dar de sí Perianes en esta obra, que interpretó después de una sensitiva versión de La Serenata interrumpida de Claude Debussy, en la que supo traslucir la visión que de la música popular española tenía este singular músico.

Un sesgo manierista quedó plasmado en la ejecución de El amor brujo de Manuel de Falla, versión pianística que cerraba el recital. Fue como si el intérprete quisiera innovar su contenido con una gesticulación añadida innecesaria que iba desde el balanceo y contorsiones del cuerpo hasta pisar el pedal con una intensidad desproporcionada que producía un percutiente ruido del entablado del escenario, recurso perverso al que recurren incomprensiblemente algunos grandes pianistas con exclusiva intención efectista.

El calor reinante y que este recital fuera grabado por una importante cadena de televisión europea de contenido cultural, debió generar gran incomodidad y una inquietud añadida a Javier Perianes que, como todos los intérpretes de gran proyección mediática, y es su caso, debe atender muchos compromisos para la difusión de su carrera que, en algunas ocasiones como en el presente caso, perturban de alguna manera el resultado artístico.