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CRÍTICA: Sol Gabetta, una chelista de primera


Madrid. Auditorio Nacional. Sala de Cámara. 10-II-2017. XXI Liceo de Cámara. Sol Gabetta, violonchelo. Bertrand Chamayou, piano. Obras de Schumann, Beethoven y Chopin. 

Rafael Ortega Basagoiti

La joven violonchelista argentina Sol Gabetta es, sin la menor duda, una chelista de gran calibre. Tiene un sonido redondo, lleno, hermoso, de gran amplitud dinámica. Puede que no especialmente poderoso, pero sí sumamente rico en colores y siempre puesto al servicio de un temperamento en el que se combinan con sabio equilibrio el nervio y el brío con la exquisita sensibilidad para un canto de profunda expresividad. Es de esas artistas en las que la música fluye con naturalidad, sin estridencias, sin hurtar al compositor su lógico protagonismo ni pretender que la música diga otra cosa que lo que contiene, pero siempre suficientemente implicada y convencida del mensaje como para que el resultado artístico sea intenso, de esos que gana y mantiene la atención del oyente con facilidad.

Su compañero, en este recital y en el reciente disco Sony (en el que la obra central, como aquí, es la tardía y hermosa aunque no frecuentada Sonata de Chopin), fue esta vez el francés Bertrand Chamayou, al que le recordamos algún Liszt discográfico notable. Se mostró en esta ocasión algo más tosco, con una articulación limpia en cuanto a la exactitud de las notas, pero a menudo un tanto borrosa, tal vez algo perjudicada por un pedal largo, y un matiz no especialmente sutil. Con estos parámetros, disfrutamos una chispeante lectura de las raramente escuchadas Piezas sobre temas populares op. 102 de Schumann en las que vibró la frescura del fraseo de Gabetta (así en la primera, el sobresaliente canto de la tercera o la efusiva final).

Estupenda también la primera de las Sonatas op. 5 de Beethoven, donde nuevamente los contrastes de la argentina y su nervio expresivo brillaron de forma sobresaliente. Similares virtudes tuvo la mencionada obra de Chopin, con un momento de especial fortuna en el elegante Scherzo, aunque en esta obra fue donde se hubiera agradecido especialmente algo más de refinamiento y claridad en la articulación de Chamayou. Magníficos los dos arreglos de Canciones de Falla ofrecidos como propina, especialmente la soberbia Nana, en la que Gabetta lució en plenitud su exquisito matiz y delicado canto, algo no especialmente logrado por su colega. En conjunto, precioso concierto, evidencia de una de las grandes chelistas del presente, una sobresaliente realidad que, además, tiene toda una carrera por delante.