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CRÍTICA / Sobresaliente final de temporada


Madrid. Auditorio Nacional. 1-VII-2017. Aga Mikokaj, Marina Prudenskaya, Saimir Pirgu, Christopher Purves. Orquesta y Coro Nacionales de España. Director del coro: Miguel Ángel García Cañamero. Director: David Afkham. Obras de Verdi.

 Daniel De la Puente

Si algún augur nos hubiera dicho que a final de temporada presenciaríamos el extraordinario Requiem de Verdi que brindaron este fin de semana la Orquesta y Coro Nacionales de España, probablemente no lo habríamos creído. Este monumental réquiem, siendo de repertorio, es una obra extraordinariamente exigente en términos físicos, y los músicos de la OCNE llevaban a la espalda dos docenas de programas de abono, más los correspondientes satélites, didácticos, etc. 

Sin embargo, parecía que Orquesta y Coro estaban dispuestos a abrir una nueva temporada de abono, ya en el mes de julio, al afrontar este concierto con una actitud encomiable a estas alturas de temporada. El planteamiento de David Afkham fue inteligente tanto en lo conceptual como en lo físico, ahorrando en gesto, administrando energía y pendiente siempre de que el balance entre coro y orquesta fuera el adecuado en cada momento, renunciando a una carga sonora más profunda y oscura en favor de las voces y del texto.

De ese modo, salvo en momentos puntuales en los que el maestro quiso que las voces quedaran en segundo plano en favor de la marea orquestal, fue bien patente el trabajo de Miguel Ángel García Cañamero con un coro repleto de colores, perfectamente afinado y sin ningún signo de fatiga en una obra de una exigencia asombrosa, en la que triunfó el equilibrio, rayando en la perfección. Este mismo equilibrio se percibió en el cuarteto vocal, razonablemente homogéneo y en el que destacaron especialmente la mezzosoprano Marina Prudenskaya y la soprano Aga Mikolaj, ambas en sustitución de las cantantes anunciadas inicialmente. Sin esfuerzo aparente, Prudenskaya y Mikolaj desplegaron una plétora de dinámicas enorme, siempre al servicio del texto, y con momentos de especial inspiración en el Recordare, de bello sonido y perfecta afinación, el dramático Liberame, o el expuesto Liber Scriptus, solucionado de forma memorable por la mezzo.

Más discretamente pero con corrección cumplió el barítono Christopher Purves, mientras que el tenor Saimir Pirgu, el cantante de más relumbrón de la terna, se vio relativamente desubicado con constantes cambios de colocación y un color muy heterogéneo y desigual, ligeramente apretado en los agudos pero delicado en los momentos en los que la voz de cabeza hacía aparición. En la orquesta, una inédita y visible complicidad entre los primeros atriles en la cuerda contribuyeron a establecer una sonoridad sólida pero no pesada y acertada en la función de servir a las voces. En los vientos, balance y equilibrio, de nuevo, con ataques precisos y contención de sonido salvo en los momentos más expansivos, como la fanfarria de metales del Dies Irae, muy bien gestionada por Afkham y que dejó al coro en bandeja de plata un Tuba Mirum digno de recordar.