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CRÍTICA / Selecto florilegio lírico


Málaga. Auditorio Museo Picasso Málaga. 06-II-2018. Recital de canto: María Espada (soprano) y Kennedy Moretti (piano). Obras de Brahms, Fauré, Obradors, Poulenc, Schumann, Strauss y Toldrá.

José Antonio Cantón

Dentro de las actividades paralelas que desarrolla el Museo Picasso Málaga, complementando su colección permanente y exposiciones extraordinarias, organiza un ciclo de música de cámara en colaboración con la Orquesta Filarmónica de Málaga, que va ya por su undécima edición. Para esta ocasión, ha programado un recital de canto protagonizado por la soprano emeritense María Espada, muy bien secundada por el pianista brasileño Kennedy Moretti, interpretando un escogido florilegio de lieder con el que ambos han dejado muestra de su compromiso artístico con este íntimo, sensible y sustancial género musical.

La concentrada sensualidad de Richard Strauss puso de manifiesto el compromiso con el que los intérpretes habían preparado su actuación. Así se pudo apreciar desde el primer momento con el lied Kornblumen (anciano) con cuyas exigencias de colocación tuvo la cantante que afrontar el siempre delicado momento inicial de toda actuación. Su expresividad vocal se fue afianzando en esa joya del género cual es Morgen (mañana), obra dedicada por el compositor a su esposa, estéticamente equiparable a los mejores logros "liederísticos" de Schubert o Schumann.  En Ständchen (serenata), que cerraba el trío de canciones del compositor muniqués, terminó por afianzar su voz con cuidada integración con Kennedy Moretti, que supo apoyar con exquisito sentido musical la contrastante naturaleza silábica contenida en los versos del escritor A.F. von Schack.

En la belleza de las cuatro canciones de Brahms que siguieron se percibió cómo el discurso de ambos intérpretes se fundía en una sola expresividad. Así se pudo admirar cómo la calidad de los textos y la música quedaban equiparados, respetándose las alturas de tono, las dinámicas y las modificaciones métricas con espontánea naturalidad, especialmente en Von ewiger Liebe, quintaesencia del pensamiento "brahmsiano", en cuya parte central apareció ese dominio técnico que a media voz tiene María Espada, así como sus recursos dramáticos, en esta ocasión algo restringidos, ante su emocionado final donde aparece sublimado el deseo (de amor eterno), traducción del título de este lieder.

Tres preciosos ejemplos del amplio catálogo "liederístico" de Schumann cerraron la primera parte del recital, destacando la interpretación de Mein schöner Stern (Mi preciosa estrella), canción con la que el compositor quiso evocar con admiración la figura de Clara, su amada esposa.  En la ondulante Widmung (Dedicación), Espada pudo mostrar su flexibilidad vocal así como la cuidada levedad de su vibrato, haciendo que el oyente olvidara su natural inadaptación a la fonética sajona del alemán, hándicap que está llamado a superar para enriquecer su interpretación de este rico repertorio musical.

En este sentido se encontró más cómoda con la fonología francesa, mejorando notablemente su dicción, lo que redundó de inmediato en una mejor expresividad musical. María Espada ha sabido elegir cuatro preciosas obras de Gabriel Fauré para mostrar su mejor capacidad de cantante que entiende el exquisito arte de este autor, destacando en Green, un destilado ejemplo del arte de la mélodie, término con el que en Francia se quiso traducir el concepto del lieder alemán. En la última, Chanson d'amour, Kennedy Moretti proyectó desde el piano esa inconfundible elegancia del autor, en la que los sentimientos se convierten en sonidos implementados por una cuidadísima matización vocal, que la soprano llevó a un grado admirable de sensibilidad.

En esa misma línea de canto, María Espada interpretó a Francis Poulenc en su canción C'est ainsi que tu es perteneciente a su ciclo Métamorphoses,  uno de los hitos de su amplio catálogo dedicado a este género. La cantante expresó la suavidad de su emisión mezzo voce con un elevado gusto, buscando ese susurrante efecto que hacía que las palabras y las notas adquirieran esa ideal univocidad que solo puede darse cuando los fonemas junto a la música adquieren el más alto grado de lirismo. Empezó con este autor a prescindir de algún modo de su dependencia del atril, del que estuvo muy dependiente a lo largo de todo el recital. Este cambio permitió pudiera apreciarse una mayor soltura y tendencia escénica en sus interpretaciones de las piezas de Toldrá y Obradors, preciosos ejemplos de nuestro legado liederístico, tan poco frecuentado y por tanto algo olvidado. La interpretación de la sencilla canción En el pinar, del segundo compositor catalán referido, puso fin a este recital que ha dejado una satisfactoria sensación en el público, que supo reconocer el arte canoro de María Espada y el no menor mérito pianístico de Kennedy Moretti, músico que, con suma humildad formal y máxima eficacia artística, claramente favoreció las cualidades de la cantante.

Correspondiendo a los aplausos, ofrecieron la interpretación del fado Ai che linda moça, perteneciente a Seis canciones portuguesas de Ernesto Halffter, que hizo las delicias del auditorio, concluyendo una velada que justificaba con creces esta específica programación musical del Museo Picasso Málaga dentro de sus actividades culturales paralelas.