Ud. está aquíInicio / CRÍTICA / Schubertiada en Sevilla

CRÍTICA / Schubertiada en Sevilla


Sevilla. Espacio Turina. 30-V-2018. Alba Ventura y Ángel Sanzo, piano. Tai Murray, violín. Isabel Villanueva, viola. Astrig Siranossian, violonchelo. Mathew Gibbon, contrabajo. Manuel Gómez Ruiz, tenor. Obras de Franz Schubert.

Andrés Moreno Mengíbar

Foto Belén Vargas

Desde que hace una década la Fundación El Monte dejase de programar su ciclo de cámara, por el que pasaron las mejores formaciones cuartetísitricas mundiales, amén de toda una impresionante nómina de solistas, en Sevilla no se ha podido disfrutar de un programa de calidad de música de cámara más allá del que de forma esforzada llevan adelante algunos músicos de la Sinfónica local. Afortunadamente, en la temporada que llega a su fin la empresa localizada en Málaga Andalucía Clásica ha tomado el relevo, con garantçías de continuidad, y ha presentado en la ciudad una brillante sucesión de cuartetos que, todo hay que decirlo, no han conseguido la respuesta de público que merecía. Si la temporada se abrió con un concierto extraordinario de Elisabeth Leonskaya centrado en las últimas sonatas de Schubert, se cerró también con Schubert, con un auténtico maratón musical de cinco conciertos sucesivos, con un total de cinco horas casi ininterrumpidas en un formato desconocido hasta el momento en Sevilla y que bien merecería ser repetido al menos una vez al año.

Alba Ventura [en la foto] abrió la tarde con los Seis momentos musicales op. 94, con versiones delicadas, muy matizadas en el fraseo, articuladas con suavidad y recreándose en las frases. Fue el suyo un fraseo alado, grácil, con pedal muy dosificado y rubato muy sutil, fundamentado sobre una articulación picada. Es curioso, porque esa delicadeza se trocó en energía desbordante en las demás piezas en las que intervino, sobre todo en el trío D 929 y en el quinteto La trucha, piezas en la que el piano asumió un papel de relevancia sonora por momentos excesivo, pero siempre brillante.

Por su parte, Sanzo abordó desde ataques enérgicos y un fraseo torrencial, excesivo a veces, los Impromptus, precipitando los finales de frase en el D 935 o excediéndose en velocidad en el D 946/1, con la consiguiente pérdida de detalles. Cabe destacar por lo delicado y poético del fraseo el D 899. Villanueva, la joven estrella española de la viola, mostró la sedosidad y la precisión de su sonido, además de su agilidad, en su enérgica versión de la Arpeggione, al que le faltó un punto mayor de intensidad en el fraseo del primer tema del primer movimiento.  Bello sonido, profundo y redondo el de Siranossian, con bellas frases en el Andante con moto del trío D 929. Por contra, el violín de Murray sonó frágil, sin brillo ni cuerpo, lastrando el resultado final del trío y del quinteto. Gómez Ruiz mostró buenas maneras liederísticas con su voz lírica y su fraseo cincelado al detalle en un grupo de alegres canciones, en las que consiguió controlar la tendencia a los sonidos nasales de los primeros momentos.