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CRÍTICA / Schubertiada en la Costa Tropical


Granada. Motril. 28-30 de septiembre. Festival Música Sur.

Teatro Calderón de la Barca. 28-IX-2018.- Cuarteto Diotima. Obras de Ligeti y Schubert.

Teatro Calderón de la Barca. 29-IX-2018.- Joan Enric Lluna, clarinete. María Rubio, trompa. David Tomás, fagot. Luis Cabrera, contrabajo. Cuarteto Diotima. Obras de Schubert.

Fábrica del Pilar. 30-IX-2018.- Kerson Leong, violín. Paul Cortese, viola. José Miguel Gómez, violonchelo. Juan Carlos Garvayo, piano. Obras de Schubert.

Andrés Moreno Mengíbar

Un año más (lo que resulta increíble en estos tiempos de desafección institucional hacia la música de cámara) Juan Carlos Garvayo ha conseguido tejer una lujosa y cuidada urdimbre de talentos para desarrollar durante algo más de una semana un programa ambicioso y variado. Para el último fin de semana al que pudimos acudir el pianista motrileño diseñó una auténtica schubertiada que alcanzó inmejorables cotas de calidad. Tener, un año más, al Cuarteto Diotima como grupo incondicional es un puntal que asegura la calidad de sus ofertas musicales. En la noche del día 28 se presentó en primer lugar con una obra nada fácil, el Segundo cuarteto de cuerdas de György Ligeti, una pieza que cumple sus cincuenta años de vida sin perder un ápìce de su carácter desafiante y hasta voluntariamente exasperante. Es una obra que pone a prueba hasta el límite la capacidad técnica de un cuarteto.

El Diotima ofreció una lectura sorprendente por la variedad de colores que supieron desplegar mediante todo tipo de recursos y mediante la milimétrica precisión (obsesión marca de la casa Ligeti) de momentos como el tercer tiempo. Una auténtica exhibición de fraseos extremos que levantó al público de sus asientos. Continuó la velada con el Cuarteto nº 13 "Rosamunda" de Schubert. Fue la del Diotima una lectura más bien apolínea, sin explotar a fondo los perfiles de los pasajes más dramáticos; pero no por ello dejó de ser una versión fascinante, que se recreó en un fraseo sinuoso y muy matizado, con un empaste fundamentado en un sonido cálido con el vibrato justo y en los momentos necesarios.

Al día siguiente al Diotima se unieron nombres como los de Lluna, Rubio, Tomás y Cabrera para afrontar el Octeto en Fa mayor D 803 de Schubert. Versión deslumbrante cimentada en una verdadera exhibición de virtuosismo técnico grupal, con articulaciones homogéneas basadas en ataques incisivos y acentos bien marcados, sin caer en blanduras en los momentos más reposados (maravilloso el pulso del Adagio, por ejemplo). Los abundantes diálogos entre primer violín y clarinete tuvieron en Zhao y Lluna a los mejores interlocutores, brillantes y perfectamente empatizados. La precisión de la trompa de Rubio y la sedosidad del fagot de Tomás completaron una interpretación magistral.

En la mañana del domingo 30, trasladados a la antigua fábrica de azúcar El Pilar, Garvayo compartió con Leong, Cortese, Gómez y Cabrera el luminoso y vitalista Quinteto en La mayor D 667 "La trucha". El brillante pianismo de Garvayo, fundamentado en la absoluta precisión y en la comprensión del espíritu profundo de cada pieza, encontró en esta composición terreno propicio para dictar una auténtica lección de sensibilidad, de articulación ágil, picada y saltarina y de fraseo vivaz. Lo que unido a un conjunto igualmente notable con una espectacular viola (Cortese), un violonchelo (Gómez) de sonido redondo y profundo, un contrabajo (Cabrera) bien empastado y un violín (Leong) preciso y ágil completó una interpretación llena de luz y de optimismo que el público agradeció con efusividad.