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CRÍTICA / A ritmo de vodevil en el Teatro de la Zarzuela


Madrid. Teatro de la Zarzuela. 29-VI-2018. Alonso: 24 horas mintiendo. Jesús Castejón, Gurutze Beitia, Estíbaliz Martyn, Nuria Pérez, Joselu López, Enrique Viana, Raffaela Chacón, Ángel Ruiz, Cecilia Solaguren, José Luis Martínez, María José Suárez, Mario Martín, Luis Maesso. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Carlos Aragón. Dirección escénica: Jesús Castejón.

Manuel García Franco

Tras la derogación del Decreto Ley de fusión Teatro Real – Zarzuela, la normalidad parece haber vuelto al teatro de la calle Jovellanos  después de haber dejado en el camino el estreno de una nueva zarzuela, Policías y ladrones, y suspendidas varias sesiones de La tabernera del puerto.

Concluye la temporada con una comedia musical chispeante, cínica y disparatada en la que nada es lo que parece, repleta de situaciones hilarantes provocadas por las mentiras de todos los protagonistas que tratan de aparentar lo que no son, con un argumento entre inverosímil y surrealista, un auténtico vodevil que sabe manejar con destreza la dirección escénica de Jesús Castejón con el equipo que le acompaña: Carmen Castañón (escenografía), Ana Garay (vestuario), Eduardo Bravo (iluminación) y Nuria Castejón (coreografía), con el libreto transformado (versión libre) del dramaturgo Alfredo Sanzol.

¡24 horas mintiendo! es una comedia lírica en dos actos, con tintes de revista, con libro de Ramos de Castro y Joaquín Gasa (seudónimo de Juan del Mar) y música de un pionero del género como era Francisco Alonso capaz de proporcionar al público del teatro de la inmediata posguerra una vana ilusión de modernidad, emparentando con los musicales de Broadway y Hollywood de los años 40 del pasado siglo. Su estreno en Madrid sería el 30 de septiembre de 1947, inaugurando la temporada del Teatro Albéniz con gran expectación. Anteriormente, el 12 de junio, se había estrenado en el Teatro Bretón de los Herreros de Logroño cuyo rotundo éxito le valió una gran gira por algunas provincias españolas. El género atravesaba una etapa de esplendor pese a la censura, considerando su agilidad y desinhibición como válvula de escape en los años más duros y difíciles de la dictadura, los años de las privaciones.

Esta comedia musical cuenta en el original los apuros de una familia con delirios de grandeza, llenos de deudas,  que se encierra en su casa para hacer creer a los vecinos que se han ido de vacaciones, esta vez el libreto es transformado en una compañía dueña de una boite que se tienen que encerrar a oscuras para ensayar una revista y salir de su apuro, fingiendo, además, estar de gira por América. Durante este mes de encierro, se pone al desnudo la intimidad del matrimonio de hipócritas, con espíritu vodevilesco, ágiles diálogos y graciosa trama, no exenta de sátira social con alusiones a la corrupción política y a la ambigüedad sexual, reflejos de la sociedad de entonces y de ahora. La visualidad de sus escenas llenas de humor caótico y personajes carismáticos alocados en el que sus acciones se suceden con ritmo frenético que recuerda a la "screwball comedy" y la pegadiza y alegre música de Alonso que conforma un gran híbrido con números latinoamericanos, castizos, románticos, regionales o pintorescos frente a los americanos: one step, swing, al que contribuyó con naturalidad y buen ritmo la dirección musical de Carlos Aragón, vertebró un espectáculo chispeante, divertido, intrascendente del que gran parte del público disfrutó.

Predominó la parte actoral más que la vocal; destacaron Enrique Viana en el personaje inventado de mayordomo, que hizo de sí mismo y supo hacer uso de sus recursos interpretativos y vocales en la samba que cierra el primer acto. Ángel Ruiz en la caracterización del argentino Fernando, extraordinaria Gurutze Beitia como Casta, y Raffaela Chacón logró salvar el pasodoble con estilo, aunque algo atropellado. Cantó bien Estíbaliz Martyn como Totó y Nuria Pérez y Joselu López, provenientes del proyecto Zarza lograron más labor actoral que vocal.

La representación finalizó con grandes y entusiastas aplausos. El divertimento estuvo suficientemente servido y se celebró la presencia y recuperación de este tipo de género.