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CRÍTICA / Reviviendo la belleza del pasado


Aranjuez. Plaza de toros. 26-V-2018. Cómo bailan los caballos andaluces. Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. Octeto de viento y timbales. Javier Ulises Illán, director. Obras de Gaetano Brunetti.

Javier Sarría Pueyo

Los ballets (o bailetes, como originalmente se hispanizó la voz francesa) ecuestres formaron parte del espectáculo cortesano desde el siglo XVI, como atestiguan fuentes de todo tipo. En España esta tradición fue recogida y practicada con fruición por los borbones dieciochescos y gozó de muy buena salud en la corte madrileña. Uno de los mayores éxitos del género fue El juego de parejas, cuya música fue compuesta por Gaetano Brunetti, uno de tantos músicos italianos venidos a Madrid bajo los auspicios de nuestros reyes ilustrados. Parte de sus números integrantes han sido transcritos y arreglados para la ocasión por Juan Pablo Fernández-Cortés a partir de los manuscritos de las Marchas y galopes para las Parejas de Aranjuez conservados en la Biblioteca Nacional de Francia y constituyen la parte más original y propia del espectáculo ofrecido el sábado en el cuadro de la XXVª edición del Festival de Música Antigua de Aranjuez. Fueron seis partes las que integraron el programa, de generosa extensión, aunque la música de Brunetti sólo hizo acto de presencia en la mitad. Las otras tres contaron con música de aire popular español y propiamente no guardaban conexión con el festival. 

Hablar de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre es hablar de la mejor y más antigua escuela dedicada a la doma clásica española, lo que se pudo apreciar con extensión este sábado. La precisión en la ejecución, la elegancia y fantasía hicieron constante acto de presencia, con un dominio absoluto de los recursos. Quizá el momento en que se pudo ver una mayor simbiosis entre música y equitación fue en el último número, un carrusel que machihembró de manera sensacional la partitura de Brunetti con los hermosísimos movimientos de jinetes y caballos.

El acompañamiento, cuando de la música de Brunetti se trató, corrió a cargo de un octeto de viento con instrumentos de época (dos oboes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas y timbales) que, bajo la dirección de Javier Ulises Illán, tuvo una intervención ejemplar. Obedeciendo a las peculiares condiciones acústicas del lugar, la histórica plaza de toros, fue necesario el empleo de amplificación; y aquí estuvo el único fallo, pues habría sido deseable una mayor potencia sonora, ya que, en ocasiones, se perdían detalles de una ejecución que, en conjunto, fue brillante, no en poca medida gracias a la enérgica, matizada y siempre de extraordinaria precisión dirección de Ulises Illán, uno de los mejores directores dedicados a la música antigua con los que cuenta España.

En resumen, un espectáculo magnífico, hermoso, entretenido y colmado de buen gusto que entusiasmó al variopinto público asistente.

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