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CRÍTICA / Reivindicando el valor sinfónico


Málaga. Teatro Cervantes. 09-III-2017. Orquesta Filarmónica de Málaga. Joaquín Riquelme, viola. Director: Manuel Hernández-Silva. Obras de Grieg, Shostakovich y Walton.

José Antonio Cantón

El noveno concierto de la temporada de abono de la OFM, que se inició con una modélica versión de la Obertura festiva en La mayor op.96 de Dmitri Shostakovich, tuvo el atractivo sustancial de las dos obras que completaban su programa, así como contar con un solista de reconocida solvencia artística como es el violista Joaquín Riquelme. Él es un gran dominador de una obra más que significativa del repertorio de William Walton como es su Concierto para viola y orquesta en La menor, obra con la que este músico pudo consolidar su lugar entre los más destacados compositores británicos del siglo XX. 

El maestro Hernández-Silva supo dosificar, desde las variantes rítmicas que se iban sucediendo en el primer movimiento, el espíritu melancólico contenido en sus pentagramas, que se reiteraba con la aparición de su tema principal a lo largo de su complejo discurso. Riquelme supo transmitir el carácter introspectivo de este elaborado Andante con una fluidez de ejecución de espontánea naturalidad, lo que favorecía la percepción de las innegables dificultades estructurales y armónicas de su contenido. La viveza del segundo tiempo estuvo siempre presente en la contrastante intervención del solista, provocando a la orquesta con un fuerte ritmo y un especial tratamiento de violonchelísticos armónicos con los que ofrecía una distinguida sonoridad a su versión, favorecida también por su precisa afinación y su alta velocidad de arco. Riquelme tuvo su momento más cautivador en el Allegro final, de modo destacado en su fugato central donde su conjunción con la orquesta tuvo un alto grado de intensidad expresiva. El público supo reconocer los méritos exhibidos con un cerrado aplauso al que correspondió el violista con una allemande de Bach de exquisita factura. 

El otro punto de interés de la velada vino con la interpretación de la Sinfonía en Do menor, EG. 119, única que escribiera el gran compositor escandinavo Edvard Grieg allá en sus años de juventud y de la que renegó de inmediato después de su estreno. Silenciada durante más de un siglo, sólo a partir de la década de los ochenta de la pasada centuria sonó de nuevo con bastantes errores de edición que, en esta ocasión, han llevado al maestro Hernández-Silva a cotejar con el manuscrito original en su intención de ser lo más fiel al compositor. El resultado ha sido una recreación certera con un académico tratamiento temático del primer movimiento. Consiguió un alto grado de lirismo en el segundo y expresó el más desenvuelto sentido danzante en el scherzante tercero, transmitiendo una gran energía en su coda, tensión que mantuvo a lo largo de todo el Finale de la sinfonía dándole hasta su culminación un creciente tratamiento triunfante. Se concluía así una actuación basada en un minucioso trabajo de investigación, en la que el maestro Hernández-Silva ha reivindicando el valor estético de esta obra para situarla donde se merece dentro del corpus sinfónico romántico pese a no ser más que un extraordinario ejercicio de armonización sinfónica escrito por el que sería uno de los mejores compositores de Escandinavia. Grieg sólo tenía veinte años cuando inició su composición.