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CRÍTICA / Recuperación histórica del Teatro de la Zarzuela


Madrid. Teatro de la Zarzuela. 30-XI-2018. Giménez, María del Pilar. Carmen Solís, Iwona Sobotka, Marina Rodríguez Cusí, Andeka Gorrotxategi, Rubén Amoretti, Damián del Castillo, David Sánchez, Jorge Rodríguez-Norton, Mario Gas. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Óliver Díaz.

Manuel García Franco

Gerónimo Giménez nos viene a demostrar su formación y que domina como el primero los secretos de su arte. En 1900 estrena La tempranica, obra de máxima importancia donde se encuentran las raíces de lo que había de llegar después. Este músico sevillano-gaditano, se formó en Francia e Italia y a su profesión de compositor unió la de director de orquesta. Su presentación como tal tendría lugar en Gibraltar, con la ópera Saffo de Pacini. También estuvo al frente de la Unión Artístico Musical, de la orquestas de Apolo, el Teatro de La Zarzuela y el Teatro Real. Los que le vieron dirigir nos han transmitido el recuerdo de unas entusiastas ejecuciones y muy profunda comprensión de las obras.

El Teatro de la Zarzuela, en versión de concierto, ha recuperado durante dos sesiones una partitura dramática y de intenso lirismo, con aire de ópera, que Giménez maneja de forma expresiva y dosificada, encontrándose en ella curiosos efectos instrumentales de un color original que revelan la pericia del maestro. Hablamos de María del Pilar, obra que se presentaría en la temporada 1902-03 en el Teatro Circo de Price, el 17 de diciembre. Por su número de representaciones, puede deducirse que su estreno fue bien recibida por el público, alcanzó 26 más algunas otras puntuales hasta el mes de marzo para continuar representaciones por provincias. Su libreto, sin duda endeble, de dos dramaturgos andaluces: Francisco Flores García y Gabriel Briones, contiene un texto, melodrama rural, de grandes pasiones y malentendidos, muy acorde con el interés que despertaba en el público de la época la zarzuela grande. Se aprecia en Giménez, en el tránsito de siglo, la fuerte influencia del verismo que afectó a la mayoría de los autores españoles del momento. María del Pilar contiene una música de gran interés que marca una cierta distancia con el resto de su corpus por su hábil fusión de la influencia popular con la culta de manera equilibrada.

Obra en tres actos con dieciséis números, musicalmente, como ya he apuntado, es obra exigente tanto en su discurso orquestal como en el tratamiento vocal. Desarrolla células melódicas, temas y contratemas. La partitura, minuciosamente editada por Juan de Udaeta y adaptado el texto hablado por María Velasco, eliminando diálogos, sustituyéndolos por la figura de un narrador, dió un acertado resultado en la figura de Mario Gas, papel que desempeñó con solvencia, naturalidad y justo en matizaciones. 

Tuvo en Oliver Díaz un director al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, cuidadoso en su lectura de la partitura y atento a los requerimientos de la misma. Excelente su exposición llena de matices expresivos. Hubo algún que otro desajuste mínimo. Buena respuesta del Coro de la Zarzuela en sus intervenciones. Es indudable que Giménez llegó a conocer y tratar muy bien la voz. Basta con repasar aquellas piezas de mayor popularidad para apreciar que la educación belcantista que vivió desde el foso de Cádiz y otros teatros de Andalucía le fue de indudable utilidad. Por ello la elección del elenco vocal debía de ser adecuada, como así demostraron en su actuación. Carmen Solís e Iwona Sobotka, ambas sopranos, la primera de voz lírica, amplia y bien timbrada, la segunda, más ligera, satisfactoria, con buena línea de canto estuvo algo destemplada. Andeka Gorrotxategui, tenor lírico-spinto, mostró desenvoltura y buena calidad tímbrica, algo justo en la zona aguda. El barítono Damián del Castillo mostró su atractiva voz, flexible, expresiva y amplia. Quien se llevó la mayor ovación de la noche fue la contundente y oscura voz de Rubén Amoretti en la exposición de su notable Romanza del tercer acto (nº 15). El resto de participantes: Marina Rodríguez Cusí, mezzosoprano, Jorge Rodríguez-Norton, tenor, y el bajo David Sánchez, cumplieron bien sus papeles. Las funciones que debería haber dirigido Jesús López Cobos, han sido dedicadas a su memoria. Excelentes notas al programa de María Encina Cortizo.

Recibió y aplaudió el público asistente esta obra con gran entusiasmo. Sirva esta recuperación histórica del Teatro de la Zarzuela como justa reparación al olvido de un compositor de nuestro género lírico, del que convendría rescatar otras partituras como Trafalgar, de notable coherencia y calidad musical.