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CRÍTICA / RASCAFRÍA / Un flautista de otra galaxia


Rascafría. Real Monasterio de Santa María de El Paular. 24-II-2019. Maurice Steger, flautas de pico. Tiento Nuevo. Director: Ignacio Prego. Obras de Corelli, Haendel y Caldara.

Eduardo Torrico

España se ha convertido en los últimos años en uno de los puntos más dinámicos de la música antigua. La intensa actividad que se viene desarrollando de un tiempo a esta parte ha propiciado, por un lado, el florecimiento de muchos y muy atractivos intérpretes y grupos nacionales y, por otro lado, la presencia de músicos extranjeros del máximo nivel que antes rara vez dejaban ver por aquí. Es el caso del suizo Maurice Steger, sin duda alguna el más deslumbrante flautista de pico que ha surgido desde que, allá por los años 70 del pasado siglo, el movimiento historicista cobrara carta de naturaleza. Gracias a su colaboración con el clavecinista madrileño Ignacio Prego (uno de esos grandes talentos nacionales a los que me refería), Steger tocó por primera en España —Santander— en julio de 2017 y repitió en abril del pasado año en la localidad madrileña de Torrelodones, en el festival del que es director el propio Prego.

Steger y Prego volvieron a tocar juntos el pasado domingo, en el ciclo Música en El Paular que organiza la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid. Pero esta vez no estaban los dos solos, ya que formaban parte del grupo que dirige Prego, Tiento Nuovo, integrado por los violinistas Hiro Kurosaki y Daniel Pinteño, el violista Alfonso Leal del Ojo (que, además de colaborar habitual de las mejores formaciones historicistas británicas, es el gerente de The English Concert), la violonchelista Paz Alonso, el contrabajista Ismael Campanero y Alberto Martínez Molina, que en esta ocasión tocaba el órgano positivo.

El programa era tremendamente atractivo, pues giraba en torno a la descomunal figura de Arcangelo Corelli. El Op. 5 corelliniano fue la obra más influyente de todas cuantas se publicaron en los últimos años del siglo XVII y en los primeros del XVIII. No solo se hicieron más de cincuenta reediciones de esta obra, sino que infinidad de compositores la sometieron a arreglos (algunos, transformando estas sonatas en conciertos). Fue el caso de Francesco Geminiani, que las orquestó pensando en que fueran tocadas con flauta de pico (Geminiani residía en Inglaterra y, en aquellos años, el instrumento predilecto de los músicos diletantes de la nobleza y la alta burguesía era precisamente la flauta de pico).

Tiento Nuovo ofreció los Conciertos para flauta nº 8, 11 y 10 de Corelli/Geminiani, los dos primeros con las ornamentaciones del violinista y compositor Pietro Castrucci (concertino que fue de la orquesta de Georg Friedrich Haendel en Londres) y el tercero, con las ornamentaciones anónimas que figuran en un manuscrito publicado por el más pirata de todos los editores de la historia, John Walsh. Se incluyó, además, la Sonata para violín op. 1 nº 10 de Handel (magistralmente tocada por Kurosaki, a pesar de un serio problema que tuvo con la cuerda de Sol, el cual pudo afortunadamente solucionar sobre la marcha) de dos obras de Antonio Caldara: la Sonata da camera op. 2 nº 4 y la Ciaccona en Si bemol mayor op. 2.

Hay un florido ramillete de flautistas de pico en la actualidad (en el que incluyo principalmente a Erik Bosgraaf, Dan Laurin, Stefan Temmingh, Dorothee Oberlinger y Tabea Debus), pero ninguno de ellos alcanza el grado de virtuosismo salvaje de Steger. No solo hace lo que nadie más que él es capaz de hacer, sino que además ejerce un irresistible magnetismo sobre la audiencia, virtud esta que solo poseen los más grandes intérpretes. Steger asombró desde que dio la primera nota, arropado de manera eficaz por el deslumbrante sonido de Tiento Nuevo. Con motivo de su actuación en Torrelodones del pasado año, me atreví a calificar a Steger como “flautista de otro planeta”. Seguramente me quedé corto y tendría que haber dicho que es un “flautista de otra galaxia”.