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CRÍTICA / Queda oficialmente inaugurado el Año Nebra


Zaragoza. Real Capilla de Santa Isabel. 7-II-2018. María Llanos Martínez y Vanesa García, sopranos. Coro de Cámara del CSMA. Directora: Elena Ruiz Ortega. Academia de Música Antigua del CSMA. Directora, clave, órgano y arpa: Laura Puerto. Obras de Nebra, Corselli, Basset y Literes Montalvo.

Eduardo Torrico

Se me ocurren pocos sitios tan apropiados para dar inicio oficialmente al Año Nebra como Zaragoza (si acaso, Calatayud, localidad donde nació José Melchor Baltasar Gaspar Nebra Blasco, uno de los mayores genios de la música española de todos los tiempos). Coincidiendo con el 250º aniversario de la muerte del compositor bilbilitano, el Conservatorio Superior de Música de Aragón ha querido rendirle tributo con un concierto en el que se recuperaron dos obras suyas (y otras tres debidas a Antonio Literes Montalvo, Francesco Corselli y Vicente Basset) y que tuvo lugar en el impresionante marco de la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal, joya arquitectónica barroca debida al no menos genial José Benito de Churriguera —coetáneo de Nebra—, que en la actualidad se halla desconsagrada.

En el proyecto, dirigido por Elena Ruiz Ortega en el apartado coral y por Laura Puerto en el orquestal, participaron alumnos del CSMA y las sopranos María Llanos Martínez (profesora, como las dos antes mencionadas, del CSMA) y Vanesa García. A pesar del empleo de instrumentos modernos (salvo las dos trompas naturales, las dos flautas de pico, los dos claves, el órgano, el arpa de dos órdenes y la guitarra barroca), el sonido fue de lo más verosímil, señal irrefutable de que el trabajo acometido en los ensayos resultó en verdad eficaz. Magnífica la labor como concertino del joven Juan Zalba, no solo en pasajes solísticos, sino también en la atenta supervisión del desempeño de sus compañeros de la sección de cuerdas. Y mención especial también para el violonchelista Guillermo Parra, pulquérrimo en el bajo continuo. Sobresalientes, por otro lado, los dos trompas, Carlos González (hijo de Luis Antonio González, fundador y director de Los Músicos de Su Alteza) y Xavier Soriano.

Tres fueron los salmos de Nebra seleccionados, pertenecientes a sus Vísperas a la Virgen de 1749-50 (no confundir con las Vísperas de Confesores, que, aunque posteriores —de 1759—, son extraordinariamente arcaizantes): un Laetatus Sum, un Dixit Dominus y una Lauda Jerusalem, estos dos últimos, estreno absoluto en tiempos modernos. Las tres obras son buena muestra de la exquisita escritura de ese Nebra versátil que nunca tuvo problemas en conjugar la tradición musical española con los nuevos aires italianizantes que soplaron con la llegada de los Borbones.

No menos subyugante resultó la Salve Regina de Corselli, compositor que compartió responsabilidades con Nebra tanto en la Real Capilla como en Real Colegio de los Niños Cantores (maestro y rector, el piacentino; vicemaestro y vicerrector, el bilbilitano). Corselli es un compositor finísimo, cuya música —especialmente, la religiosa— destila melosidad y ternura en cada una de sus notas.

Las dos oberturas (interpretadas, extraordinariamente bien, por los miembros de la orquesta del CSMA) son debidas a Antonio Literes Montalvo (hijo del Antonio Literes mallorquín más conocido) y a Vicente Basset, compositor del que desgraciadamente se sabe muy poco, salvo que fue violinista durante casi quince años en la orquesta del Buen Retiro. Estas magníficas oberturas de Basset —muy en estilo milanés— que han ido apareciendo en conciertos estos últimos meses han sido recuperadas por los musicólogos Raúl Angulo y Toni Pons, a quien se debe igualmente la recuperación de las otras obras inéditas que formaban parte de este concierto.