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CRÍTICA / Punto final a un gran festival


Vélez Blanco. Claustro del Convento de San Luis. 26-VII-2018. Kajsa Dahlbäck, Helsinki Baroque Orchestra. Director y clave: Aapo Häkinnen. Obras de C.P.E. Bach, J.S. Bach, Buxtehude, Ritter y Schmelzer.

Salón del Triunfo del Castillo. 27-VII-2018.  La Real Cámara: Director y violín: Emilio Moreno. Obras de De Castro y Corelli.

Iglesia Parroquial de Santiago. 28-VII-2018. Orquesta Barroca del Festival de Vélez Blanco. Director: Aarón Zapico. Obras de
Corrette, Lully, Marais, Purcell y Vivaldi.

José Antonio Cantón

La presencia de la Helsinki Baroque Orchestra en el Festival había despertado gran expectación entre los asiduos a este evento musical, acrecentado por la actuación de la soprano finesa Kajsa Dahlbäck, experimentada intérprete en música antigua. El mayor reto que debía afrontar era la cantata profana de carácter nupcial de Johann Sebastian Bach Weichter nur, betrübte Schatten BWV 202, obra de variadas exigencias canoras que determinan la capacidad técnico-vocal de la cantante dada la alternancia de recitativos y arias, así como en la cuidada emisión, en su efecto de contraposición a los otros instrumentos, generando sugestivas mixturas. Esto ocurrió especialmente en el aria contenida en el séptimo número, Sich üben im Lieben, dialogando con el oboe, y también con todos los instrumentos del grupo en la gavota final, donde se mejoraron las aceptables impresiones del aria inicial y la expresada en el tercer episodio, Phoebus eilt mit schnellen Pferden, a la que imprimió un primigenio estilo liederístico. Se produjo así la mejor confirmación de lo ya apuntado en la primera parte del concierto con el motete, también considerada cantata menor, O Gottes Stadt BuxWV 87 de Dietrich Buxtehude.

En cuanto al aspecto instrumental, destacó sobremanera la musicalidad al clave del director del grupo Aapo Häkkinen, de modo notorio en la Allemande in discessum Caroli XI Regis Sveciae del organista alemán Christian Ritter compuesta en 1697, contenida en el décimo número del Manuscrito Möller. Supo fundir en una sola expresión y de manera magistral los caracteres fúnebre y elegíaco que quiere transmitir la obra, dejando en el oyente el deseo de poder escucharle en solitario en alguna próxima oportunidad.

El grupo instrumental La Real Cámara tuvo la feliz idea, siguiendo el homenaje a Bartolomé Esteban Murillo, referente de esta edición del Festival, de alternar obras de Arcangelo Corelli con seis de las diez Sonatas en trío op. 1 que se publicaron en 1695 del músico sevillano residenciado en Brescia, Francisco José de Castro "Spagnuolo", contemporáneo del gran pintor hispalense, pertenecientes a su Trattenimenti armonici da Camera a Trè. Sólo cabe decir que la conjunción de este grupo es tan automatizada que la sensación que deja en el oyente es de una unívoca polifonía en la que el bajo continuo es implementado por la temperamental violonchelista Mercedes Ruiz y por los hermanos Zapico, Aarón y Pablo, al clave y a la guitarra barroca, respectivamente.

Emilio Moreno [en la foto], muy bien secundado al violín por su colega lisboeta Nuno Mendes, tras unas breves palabras que ilustraban los aspectos más destacables de cada obra, infundió en el grupo esa vitalidad de la que hace gala en sus actuaciones, convencido de la belleza musical de este repertorio barroco español que puede parangonarse con las más destacadas obras de Arcangelo Corelli, del que interpretaron la preciosa Ciaccona, último número de sus 12 Sonatas en trío op. 2, que sirvió también de bis para despedir este concierto, un irrepetible preludio de la posterior contemplación del inolvidable eclipse lunar desde el imponente palacio velezano.

La jornada final del Festival tuvo una intensa actividad con el concierto de clausura a cargo de la Orquesta Barroca del Festival de Vélez Blanco, y la cena renacentista, aderezada musicalmente por el grupo La Danserye, que hizo las delicias de los comensales, en una gran mayoría vestidos con traje de época, experiencia popular vivida como una de las citas festivas más esperadas cada año en Vélez Blanco.

Aarón Zapico, director del Curso de Orquesta Barroca que se ha impartido en la Academia de Música Renacentista y Barroca del Festival, ha conformado un conjunto orquestal con los más destacados alumnos y los profesores responsables de los distintos talleres para la realización de un concierto con las obras más significativas que les han servido de objeto de exploración e investigación para entender estilos y perfeccionar su recreación. Con esta intención, el sagaz músico asturiano ha protagonizado su actuación en la Iglesia Parroquial de Santiago, destacando su capacidad para conformar el mejor grupo posible, su agudo instinto musical y su capacidad de liderazgo. Así hay que destacar por encima de todo su acierto interpretativo en el segundo bis, el Andante de la Sinfonia RV 149 en Sol mayor, "Il Coro delle Muse", de Antonio Vivaldi, por la delicadeza de sus dinámicas y la expresividad de sus pizzicatti, llevados al extremo en su discurso con gran precisión rítmica.

Antes se pudieron disfrutar momentos de gran musicalidad como los contenidos en la Chacony en Sol menor Z 730 de Henry Purcell, dado cómo se destacaron sus marcados acentos de danza dentro de su tejido contrapuntístico; o en el Tercer concerto comique de Michel Corrette, por la gracia en él descrita. Tres obras de Jean-Baptiste Lully, Chaconne des Scaramouches, Trivelins et Arlequins y Marche pour la Cérémonie des Turcs, cerraron el programa con una evidente alusión al género melodramático derivado de la Comedia del Arte, por la agilidad intrínseca de su montaje y la compleja sencillez de su ensamblaje musical, esenciales aspectos estéticos que supo transmitir Aarón Zapico, demostrando adaptable versatilidad a la vez que clara inteligencia musical.

Se cerraba así la 17ª edición del Festival de Música Renacentista y Barroca de Vélez Blanco, evento musical señero en la vida cultural andaluza que, con el paso de los años, es cita obligada para disfrute de todos los amantes de nuestros ancestrales sones.