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CRÍTICA / Por terras alentejanas


Ferreira do Alentejo. Iglesia Matriz de Nossa Senhora da Assunçao. 27-V-2017. 13ª Festival de Música Sacra do Baixo Alentejo - Terras sem sombra. Elena Gragera, mezzosoprano. Antón Cardó, piano. "Un espacio común: aspectos de la tradición lírica en Portugal y España". 

Arturo Reverter

Bajo el lema "De lo espiritual en el Arte. Identidades y Prácticas Musicales en la Europa de los siglos XVI-XXI", se ha venido desarrollando esta curiosa muestra que dirige y organiza el historiador y arquitecto José António Falcao y que tiene como responsable artístico al crítico y ensayista español Juan Ángel Vela del Campo que, hace unos años, recibió el testigo del italiano Paolo Pinamonti. La programación es modélica y didáctica y busca siempre los porqués de los distintos fenómenos musicales en su relación con la sociedad, la historia, la geografía y el medio ambiente, con abundante presencia española.

De los ocho conciertos programados, tres han contado con artistas de nuestro país: Accademia del Piacere de Fahmi Alqhai ("Música espiritual en las tradiciones del barroco y el flamenco"), Esperanza Fernández, cantaora ("De la devoción popular a la poesía de Saramago") y los citados Gragera y Cardó. Se tiende en un próximo futuro a producir actos de hermanamiento musical y de hecho este año ha habido en Sevilla, como sesión previa al Festival, la titulada "Inmenso Sur".

Este festival posee ciertamente rasgos muy originales. En él se dan la mano patrimonio, música y biodiversidad; y lo resalta su director artístico al decir que “no hay nada parecido en ningún lugar del planeta”. Cada concierto se realiza en una población diferente de la región, por lo que cabe hablar de una muestra viajera y, en cierto modo, democrática. Son los ayuntamientos o concelhos del Alentejo portugués los que corren con los gastos de los actos que se desarrollan en su seno y que, con la alta protección del presidente de la República, dependen del tino organizativo del Departamento de Patrocinio Histórico y Artístico de la Diócesis de Beja y de Pedra Angular (Asociación de amigos del Patrimonio diocesiano).

Hay mucho desprendimiento y dedicación a  una causa que combina la música con el entorno natural, la gastronomía, los trabajos que buscan la purificación de las aguas y la arquitectura de cada zona, que es explicada de manera muy amena por Falcao o los responsables de bibliotecas o museos municipales. De tal forma que la estancia se hace grata y distendida; sobre todo cuando, como en este caso, puede complementarse con una velada musical de altos vuelos celebrada en el hermoso marco de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Anunciación, uno más de los históricos monumentos que engalanan esta bella localidad alentejana.

El programa era variado, sugerente y lógico, construido bajo el lema "Un espacio común: aspectos de la tradición lírica en Portugal y España". Se hermanaban de manera muy convincente canciones escritas por compositores de distintos países sobre textos de poetas portugueses —Sancho, Gil Vicente, García de Resende, Sá de Miranda, Camoes, Fernandes de Almedida, Gonta Colaço— y españoles —Alfonso X, Marqués de Santillana, Padilla—, con la inclusión del alemán La Motte Fouqué, autor este último del único lied de la selección, firmado por Schubert, y adornado de la habitual fluidez melódica característica del músico vienés.

Elena Gragera, con su bien emitida, homogénea y acolchada voz de mezzosoprano lírica, abundosa en claroscuros, propiciadora de mil y un matices, bien asentada y segura en todos los registros, incluso en el superior, que advertimos en esta ocasión más desahogado que otras veces, dijo bien y de manera muy variada y caleidoscópica, como pedían piezas de tan distinto origen y construcción. Así pudimos degustar, en la resonante acústica del templo, menos reverberante que la de otros, interpretaciones muy ajustadas y expresivas de, por ejemplo, la sigilosa Cantiga de amigo de García Abril, la sencilla y pastoril Serranilla de Rodrigo, la elegante de Mira gentil dama de Bacarisse o la vibrante y espontánea Por dó pasare la sierra de Gerhard, en la que el poema de Gil Vicente brilla en todo su esplendor.

Los cuatro lieder de Schumann elegidos, ilustrativos de hermosos poemas traducidos por Geibel al alemán, tuvieron en la garganta de Gragera, cautelosa y minuciosamente —con poco pedal— asistida desde el teclado por su marido, una adecuada respuesta, entreverada de coloraciones muy expresivas. La gracia de Klinge, klinge mein Pandero de Wolf (también versión alemana de Geibel desde el poema de Fernandes de Almeida), casó inmediatamente con el garbo popular de las tres piezas de Ernesto Halffter. Gerinaldo y Ai que linda moça tuvieron, respectivamente, la picardía y el sabor nostálgico exigidos. Una sesión que transcurrió amena y suavemente y que nos templó el ánimo.