Ud. está aquíInicio / Febrero 2018 / Noticias / CRÍTICA/ Poética del matiz

CRÍTICA/ Poética del matiz


Madrid. Teatros del Canal. 20-II-2018. iclo de jóvenes intérpretes de la Fundación Scherzo. Ramón Grau Perales, piano. Obras de Clara Schumann, Robert Schumann, Manuel de Falla, Maurice Ravel y Aleksander Scriabin.

Santiago Martín Bermúdez

Al comienzo de la segunda parte sorprendía el joven Ramón Grau con la poderosa rítmica de la Fantasía bética de Falla: la guitarra se convertía en danza con síncopas, pero sobre todo con el fraseo staccato —y disculpen la expresión, no tan paradójica— que evoca zapateados y otros desafueros métricos para el baile. Y la sorpresa se acentúa cuando llega la sutileza expresiva de Jeux d’eau, página en la que Grau se mostraba magistral en la administración de gamas piano. Ahí, Grau parecía enlazar con la breve página de Clara Schumann que abrió la primera parte: el adelgazamiento del sonido, el dominio del pianissimo, la capacidad de moverse en el mezzoforte, el susurro... Esta es siempre la gran dificultad del pianista, y para Grau parece que ese fuera la base de un ideal sonoro que más tarde despliega en crecimientos, repliegues, matices… Veremos eso del matiz.

La primera parte estaba dominada por el múltiple relato del Carnaval de Schumann, una de sus obras con miniaturas engarzadas una tras otra, veinte caracteres, personajes, situaciones, retratos, que requieren veinte humores distintos, a veces contiguos, a menudo opuestos o al menos en claro contraste… Hasta la marcha final, triunfo de los audaces músicos frente a los filisteos. Aquí, Grau explotaba también esa capacidad, que demostró en toda la velada, de unir el rumor a la afirmación leve, nada rotunda, siempre matizada (acaso como quería Verlaine: pas la couleur, rien que nuance).  Porque aquí está una de las características más relevantes, uno de los aciertos del pianismo poemático de Ramón Grau: el matiz, la capacidad de gradación, de motivar una idea a partir de la siguiente, de construir todo un episodio desde esa secuencia y el contraste e incluso discrepancia de ideas. Para concluir, una página difícil y hermosa, la Cuarta sonata de Scriabin, dos movimientos en uno que requieren al virtuoso y precisan también el concepto, la idea. La madurez de Ramón Grau casa muy bien con los resultados de este recital, aunque pueda sorprender en un rostro tan-tan juvenil.

Más sobre

Discos excepcionales Scherzo
El tablón de anuncios de Scherzo
Hemeroteca Scherzo
Premios Internacionales de Música Clásica
Ciclo de grandes intérpretes
Ciclo de jóvenes intérpretes
Fundación Scherzo
Enlaces de Internet de Scherzo
Siguenos en Facebook
Siguenos en Twiter