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CRÍTICA / Ovchinnikov en Córdoba, un prodigio estilístico


Córdoba. Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco. 23-XI-2018. XVII Festival de Piano Rafael Orozco. Vladimir Ovchinnikov, piano. Obras de Rachmaninov y Prokofiev.

José Antonio Cantón

Una de las más esperadas citas de la presente edición del Festival era el recital de Vladimir Ovchinnikov con un programa ruso de máxima pretensión estética como es la que contiene la literatura pianística de dos de los más grandes compositores para piano del siglo XX como fueron Prokofiev y Rachmaninov, y de los que este maestro del teclado es un consumado intérprete, que va más allá de la recreación para situarse en ese plano de excelencia en el que los sonidos son transcendidos de tal manera que llevan al oyente a adentrarse en los secretos más sustanciales y a la vez recónditos del compositor. Su altísima calidad como profesor del Conservatorio Chaikovsky de Moscú determina que sus recitales sean verdaderas masterclasses en el que el deleite que produce su escucha termina convirtiéndose en un verdadero ejercicio intelectual de precepción musical para el espectador, que no deja de sentirse sorprendido ante nuevos enfoques y preciosas adendas de cosecha propia sin perderse en momento alguno las esencias de autoría.

Empezó su actuación con los ocho Études-Tableaux op. 33 de Sergei Rachmaninov, obra de la que Ovchinnikov dejó realizada una grabación en 1989 para EMI que sigue situada entre las referencias fonográficas de este compositor. El prodigio estilístico recogido en aquella ocasión no sólo sigue vigente sino enriquecido por la experiencia cada vez más destilada y aquilatada de este pensador del piano. En el segundo estudio desplegó toda una variada paleta de color en pos de crear una atmósfera lirica de gran efecto. Produjo impactante emoción su controlada ejecución del tercero, con el que parecía sacar sordos ecos de catacumbas. Ese aspecto sombrío mutó a una artificiosa alegría en el séptimo, traducido con gran humor y explosiva brillantez sonora. Terminó la serie con una espectacular y a la vez dramática interpretación del Grave escrito en la tonalidad de Do sostenido menor, cerrando este ciclo de obras con un paradójico arrebatado recogimiento. Los asistentes en este concierto empezábamos a experimentar la singularidad musical de este pianista.

Para terminar con este compositor y la primera parte de su actuación, tocó la versión original de la Segunda Sonata op. 36 con deslumbrante poderío técnico en su inicio y serena delicadeza en el segundo tema para determinar su desarrollo con una contundencia verdaderamente asombrosa y un sentido épico arrollador. Pese a no disponer de un piano a punto para las exigencias de matices que pide el segundo movimiento, se sobrepuso a tal circunstancia sacando todo el mundo evocador que encierra, haciendo que las voces de sus armonías cantaran con sugestiva respuesta estilística hasta la variada reaparición del tema inicial. El tercero fue toda una demostración de cómo hay que entender el pianismo de Rachmaninov llegando a una impulsividad impactante y a una amplitud de sonido verdaderamente majestuosa, que ponían en evidencia el relativo estado de forma del instrumento.

Si la primera parte fue todo un despliegue de excelencia pianística, la segunda no fue menos, confirmándose su dominio de concepto y su traslado fiel a una técnica virtuosa del repertorio para teclado de Prokofiev. Las Tres piezas del ballet Cenicienta op. 95 sirvieron para entrar en situación respecto de este autor, especialmente en la segunda, una de las más características gavotas de su producción y que Ovchinnikov interpretó con suma elegancia. Terminó con dramático acento el apasionado romance que contiene el vals lento que cierra el grupo.

Vladimir Ovchinnikov, que no había hecho sino crecer en sinceridad, gracia y destreza a lo largo de su actuación, dedicó la recta final del recital a una impecable recreación de las Seis piezas del ballet Cenicienta op. 102. Demostró una gran capacidad descriptiva en la tercera, Quarrel, balanceó con gran gusto los dos valses y desarrolló con seductora exposición el último episodio, Amoroso, volviendo a convertir su presencia en el Festival como de absoluta referencia, junto a actuaciones inolvidables de pianistas de la talla de Arcadi Volodos, Josep Colom, Javier Perianes, Josu de Solaun, Boris Berman o Luis Fernando Pérez, todos ellos protagonistas de clamorosos triunfos en este Festival, que en cada edición crece en prestigio y reconocimiento dentro de la vida musical de Andalucía.

Ante un entusiasmado público ofreció dos bises; la Gavota op. 12-2, y la conocida marcha de la ópera El amor de las tres naranjas, ésta con gran desparpajo rítmico y sarcástico sentido. Se cerraba una presencia más de Vladimir Ovchinnicov en el Festival, superando incluso la impresión dejada en otras ocasiones ante un público que llenaba por completo el recinto de la sala del conservatorio cordobés.