Ud. está aquíInicio / CRÍTICA / Oscar Wilde, al ritmo barroco

CRÍTICA / Oscar Wilde, al ritmo barroco


Madrid. Corral Cervantes. 26-VIII-2018. Wilde, El insigne cohete. Miguel Cubero y María Ayuso, actores. Sara Águeda, arpa. Obras de Ferrini, De Murica, Valente, Maione, Piccinini, Rossi, Ruiz de Ribayaz, Frescobaldi, Kapsberger, Falconiero y anónimas.

Eduardo Torrico

Pocos escritores como Oscar Wilde han sabido valerse tan bien del sarcasmo para criticar la hipocresía puritana de la sociedad en que les ha tocado vivir. Se constata hasta en sus cuentos infantiles, plagados de ese humor vitriólico que caracterizó al dublinés. El insigne cohete, por ejemplo, está repleto de frases deliciosamente sardónicas.

"Una persona sensible es alguien que, porque tiene callos, siempre pisa los pies a los demás", una.

"Las discusiones son completamente vulgares porque en la buena sociedad todo el mundo tiene exactamente las mismas opiniones", otra.

"La única cosa que le sostiene a uno en la vida es el convencimiento de la enorme inferioridad de sus semejantes", otra más.

"Detesto a las gentes que hablan de sí mismas cuando uno necesita hablar de uno mismo, como es mi caso. Eso es lo que se llama egoísmo, y el egoísmo es algo aborrecible", otra.

O, como último botón de muestra, esta: "Sostengo a menudo largas conversaciones conmigo mismo y soy tan profundo que a veces no comprendo ni una palabra de lo que digo".

El insigne cohete es la propuesta que que a lo largo de este mes de agosto han presentado en el Corral Cervantes de la madrileña Cuesta de Moyano los actores Miguel Cubero y María Ayuso junto a la arpista Sara Águeda, que aquí, además de tocar su instrumento, también actúa. Es la historia de un petulante cohete que va a ser lanzado durante los fuegos artificiales que el Rey y la Reina han organizado con motivo de la boda de su hijo, el Príncipe. En su arrogancia, el cohete piensa que han hecho coincidir la ceremonia nupcial con el gran momento de su lanzamiento estelar. Todo acaba mal para el cohete, que, sin ser capaz siquiera de estallar, se ve finalmente hundido en una apestosa ciénaga, rodeado de patos y de una mordaz rana que se ceba con él.

El cohete, la girándula, el petardo, la bengala y la candela romana están fabricados con periódicos viejos y cuerdas de pita y yute. Cubero, Ayuso y Águeda dan vida a todos estos personajes, mientras suena la música. La música del arpa. ¿Y qué música puede casar con un cuento de Wilde? Pues toda y... ninguna. Está en función del ingenio del artista.

Águeda ha hecho una selección de obras barrocas españolas e italianas, muchas de ellas de profunda raíz popular: Ballo di Mantova (Giovanni Battista Ferrini), Jota (Santiago de Murcia), Romanesca (Antonio Valente), Toccata IV (Ascanio Maione), Ciaccona (Alessandro Piccinini), Passacaglia (Luigi Rossi), Toccata per l'elevazione (Girolamo Frescobaldi), Tarantella (Lucas Ruiz de Ribayaz), L'Arpeggiata (Girolamo Kapsberger), La suave melodía (Andrea Falconiero) o las anónimas Tarantella del Gargano, Ay luna que reluces o No hay más Flandes (cuyo pegadizo estribillo —"No hay más Flandes, ni hay mejor vida, que estar como el jilguerillo: alegre y siempre cantando al son del tamborilillo"— entonan con salero los tres actores).

Es apenas una hora de agudo y chispeante espectáculo, apto para niños, pero también para adultos. Permite acercarse a la inigualable luminaria wildeana, pero también a esas músicas que sonaron en la Europa meridional durante el siglo XVII. No hay gran despliegue de medios porque, cuando el talento prima, el peculio no es del todo esencial. Ojalá El insigne cohete de Cubero, Ayuso y Águeda tenga mucho vuelo. Lo merece.