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CRÍTICA / ORCAM: Rimbaud y Gilbert Amy, infierno y transfiguración


Madrid. Auditorio Nacional. 30-V-2017. Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Catalina Pérez, voz blanca. Sandra Cotarelo, soprano. Marta Knörr, narradora. Director: José Ramón Encinar. Obras de Fauré, Gilbert Amy y Mendelssohn.

Santiago Martín Bermúdez

La Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid constituyen una institución cuyas actividades, felizmente, "van para arriba" (como solían decir los castizos), en virtud de un trabajo permanente que uno se pregunta si no resulta agotador en algún momento. La orquesta tiene su temporada de conciertos y además es la orquesta del Teatro de la Zarzuela. Y bastantes músicos dedican más tiempo a la música de cámara; como debe ser, por razones que no hay que explicarle a ningún aficionado. El régimen de trabajo obliga a mucho en cuanto a horarios de ensayos, compatibilidades entre salas y exigencias de programas, maestros y proyectos. Durante muchos años dirigió esta orquestas José Ramón Encinar, uno de nuestros músicos más destacados, como director, como organizador y como compositor; y esto último no hay que olvidarlo a la hora de enfrentarse a una obra como la que se estrenaba en el concierto que comentamos ahora brevemente. Y lo continúa ahora, con nuevos bríos, el maestro Victor Pablo Pérez.

La gran novedad del concierto era el encargo que había hecho la ORCAM al compositor francés Gilbert Amy, que respondió con la obra D’après Rimbaud. Amy ha estado desde muy pronto entre Messiaen y la generación de la vanguardia, y por las obras suyas que conocemos parece que trata de ser fiel a ambos imaginarios, y hay que preguntarse incluso si no es más vanguardia Messiaen que la autoproclamada vanguardia de Darmstadt (una ciudad que, musicalmente, es un gran parque de atracciones de lo más moderno que puedas imaginarte, un espejo mágico en el que mirarse a ver si uno es todavía lo bastante moderno). Amy es un creador inquieto de sonidos, como deben ser los compositores, modernos o no, y con D’après Rimbaud demuestra, en plena madurez creativa a sus ochenta años, que puede responderse a sí mismo tres décadas después de haber compuesto Une saison en enfer, a partir de textos de esta obra última del joven Arthur Rimbaud, que tenía diecinueve años, que publicaba ese libro y Les Illuminations y no volvía a escribir nunca más. El compositor ha declarado a menudo su pasión por ese pequeño y enorme libro, Une saison en enfer. Para no repetir conceptos, facilitamos este enlace, que permitirá consultar o descargar las notas del programa de mano que escribió para la ORCAM el que esto firma, con la ayuda imprescindible del maestro Encinar, puesto que se trataba de un estreno mundial y puede decirse que sólo él conocía la forma y el arcano de esta muy interesante partitura.

En D’après Rimbaud una orquesta sinfónica descompone sonidos de muy variada tímbrica, con momentos camerísticos, con trama y texturas de permanente brillo; y esas tramas y timbres dan paso a la voz, a las voces, que narran, que cantan en castellano o en francés (el compositor daba la opción del español para las partes recitadas), y el texto se mantiene sin especia capacidad de comprensión del mismo, porque esa es la intención, que el fonema se convierta en música como una instancia sonora más; no como instrumento, porque el instrumento es el coro o la voz solista de la narradora o la niña, sino como palabra que da lugar a una parte del discurso musical. El Coro hizo frente aquí a una proeza, porque este tipo de obras requiere a menudo en los cantantes algo cercano al oído absoluto. Entre coro y conjunto, Sandra Cotarelo y Marta Knörr desplegaron su canto y su recitado con exquisito gusto y talento interpretativo. 

Hay que confesar que una obra así precisa de una nueva escucha, siquiera una. Sentidos y matices se escapan con una sola lectura, pero es de esas obras que te dejan con deseos de seguir, que te "abren el apetito". Habrá que esperar a su retransmisión por Radio Clásica.

El concierto comenzó con una bella y limitada obra, la Pavana de Fauré, en su versión menos conocida con coro. Y concluyó con una nerviosa, ágil lectura de la Italiana de Mendelssohn. El contraste de esta segunda parte no podía ser mayor, o eso diríamos. En cualquier caso, Encinar desplegó una indiscutible maestría en la secuencia de tempi rápidos, tal vez más de lo habitual, en el Allegro inicial y en esa maravilla que es el Saltarello de cierre.

De nuevo, un hermoso concierto de la ORCAM, con una de esas aportaciones, la obra de Gilbert Amy, que hacen mucho por el prestigio de un conjunto; que, por lo demás, creemos que lo conquista desde su fundación, poco a poco pero sin pausa.