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CRÍTICA / No fue uno más


Madrid. Auditorio Nacional de Música. 22/23-XII-17. Haendel, Messiah. Sabina Puértolas, Sonia Prina, Matthias Stier, Christian Senn. Orquesta y Coro Nacional de España. Directora: Xian Zhang

Daniel De la Puente 

Antes del empacho navideño con dulces turrones, cavas de diversas procedencias y polvorones presuntamente artesanos repletos de aceite de palma, empieza a ser tradicional en la capital del reino hartarse previamente de Mesías de Haendel, también supuestamente artesanales y, por supuesto, de dulzor contrastado y procedencia exótica.

Este Mesías de la Orquesta y Coro Nacional de España era, sobre el papel, uno más de la decena larga de representaciones endémicas del oratorio de Haendel que se verían en Madrid durante el mes de diciembre y además, venía con la dudosa etiqueta del "Made in China" de la que, cualquier consumidor que se precie, huye como de los vendedores de suscripciones a oenegés de la calle Preciados.

Sin embargo, el estado de gracia actual de la Orquesta y del Coro Nacional de España dieron una vuelta de tuerca de calidad a esta función, que no fue una más.

Dejando de lado a los solistas, muy irregulares y lejos del ambiente general de excelencia, la energía imprimida por la directora china Xian Zhang dotó al concierto de sonido sólido, contundente y definitivo. Ciertamente lejos de los aspectos "historicistas" y en una versión cuestionable en tiempos y volúmenes, la sensación final fue de haber presenciado un Mesías entregado, convincente y divertido.

La Orquesta Nacional está en un momento dulcísimo, y este último concierto del año no fue una excepción a la línea que, salvo excepciones, mantiene la agrupación cada fin de semana.

Muy inspirados e inspiradores estuvieron los primeros atriles en los momentos más camerísticos, salvando las dificultades técnicas (con más éxito en la segunda función, si cabe) y un continuo absolutamente delicioso en el que destacaron el empaste y la delicadeza con la que se desenvolvieron en todo momento.

Los tutti de la orquesta fueron siempre vivos y alegres, y en sintonía con la versión ofrecida por Xian Zhang, lejos de los estereotipos de la moda de agrupaciones "históricamente informadas". Momentos algo violentos, como la energética dirección de los recitativos, y con matices más próximos a los fuerte y fortísimos continuos fueron contrarrestados por la convicción que mostró la directora.

Mención aparte merecen los solistas, que no estuvieron a la altura. Irreconocible Sabina Puértolas, fuera de lugar con sus movimientos corporales, una emisión dispar en la que los agudos se estrechaban tremendamente y una ornamentación inconsistente e incomprensible; Sonia Prina mostró dos caras que se repitieron en ambos conciertos: mientras que la primera parte fue digna de olvidar y rozó lo grotesco, la quietud y belleza del aria He was despised dejó al público en un cierto estado de shock. Completaron el cuarteto Matthias Stier, tenor, discreto dentro de la corrección, y el bajo chileno Christian Senn, que tuvo momentos de buena voz pero afinación muy inconcreta en su aria The Trumpet Shall Sound, en la que estuvo soberbio el trompetista Manuel Blanco, solista de la ONE.

Y, una vez más, el coro, verdadero protagonista de esta historia navideño, que sigue demostrando que en manos de Miguel Ángel García Cañamero se ha convertido en un instrumento dulce y flexible, capaz de adaptarse a cualquier terreno y estilo aún con una plantilla numerosa.

Sobresaliente y sorprendente la gestión de las agilidades, destacando la ligereza de las sopranos, a unos tempi muchas veces vertiginosos y que habrían llevado al descalabro a otras agrupaciones similares. Preciosos los momentos de cappella en Since By Man Came Death, y líneas muy bien trazadas en los momentos fugados. 

En resumen, una versión en la que la energía y alegría destiladas desde el podio contrarrestaron cierta falta de paz y exceso de nervio, y en la que se volvió a poner de manifiesto el excelente momento de la Orquesta y Coro Nacionales de España.