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CRÍTICA / No es oro todo lo que reluce


Madrid. Auditorio Nacional (Sala Sinfónica). 29-V-2017. Ciclo Universo Barroco. Gabrieli Consort and Players. Director: Paul McCreesh. Obras de Giovanni Gabrieli, Andrea Gabrieli, Cesare Benditelli y Cesario Gussago.

Eduardo Torrico

El entusiasmo se desbordó a la conclusión del motete para 16 voces Omnes gentes plaudite manibus de Giovanni Gabrieli, que a su vez ponía punto final a esta imaginaria celebración musical con la que Paul McCreesh recrea lo que pudo haber sido la coronación del dux veneciano Marino Grimani el 26 de abril de 1595. Supuso el primer gran éxito de McCreesh y los Gabrieli Consort and  Players allá por el año 1990, cuando la grabaron para el sello discográfico Virgin. Desde entonces, el director inglés y sus huestes no han parado de interpretarla. E, incluso, de volver a grabarla, porque en 2012 apareció una nueva versión, ahora en el sello Signum. Omnes gentes fue, en verdad, un momento inolvidable, pero me duele decir que el resto de la velada no gozó del mismo nivel, ni mucho menos. Hubo luces, sí, pero también sombras. Y muchas. Y se constató que entre aquellos Gabrieli Consort and  Players de hace un cuarto de siglo y los de ahora media un sideral abismo. Lamentablemente.

Para empezar, hay que aplaudir que en estos tiempos de resaca económica, se pueda presentar una formación instrumental con hasta seis sacabuches, cinco trompetas, cuatro cornetas y dos órganos, además de un coro —totalmente masculino— de 16 voces.  Es algo que se tiene pocas oportunidades de ver hoy en día. Otra cosa es que McCreesh les sepa sacar todo el partido a todos estos efectivos. Porque McCreesh, que es un extraordinario director artístico, nunca destacó con la batuta en la mano (y digo bien lo de batuta, porque él la utiliza, cosa bien infrecuente entre los que hacen música antigua). En algunos momentos de la velada hubo situaciones que resultan inadmisibles en una formación con esta trayectoria y con este renombre. Por ejemplo, el veterano cornetista Jeremy West, toda una leyenda de este instrumento, sí, pero que en Madrid evidenció un doloroso deterioro.  Pero, en general, el desempeño orquestal fue mucho más razonable, especialmente por parte de sacabuches y trompetas. Magnífica la lectura de la sonata La leona de Gussago, justo antes del Omnes gentes.  

Lo del coro fue otra cosa. Afinado y empastado, como buen coro inglés (¿hay algún coro inglés, de entre los que se dedican a la música antigua, que no este siempre afinado y empastado?), pero sombríamente rutinario. Ni una sonrisa en sus rostros. Ni un gesto de alegría o de satisfacción. La misma cara que el funcionario que lleva cuarenta años pegando sellos en la misma mesa de trabajo y lo único que quiere es que pasen las horas para fichar y salir corriendo de la oficina. Tampoco las voces de los Gabrieli Consort de hogaño son las de antaño y, claro, eso se nota. Con suma generosidad, siempre se ha recurrido al término "frialdad" para calificar una actuación poco convincente de un coro inglés especializado en polifonía renacentista o del primer barroco. Evitaré el eufemismo y calificaré la de ayer de plana y aburrida. ¡Para qué vamos a andarnos con ambages!

Hace algunos años McCreesh me confesó en una entrevista, cuando la crisis económica empezaba a hacer de las suyas, que se le partía el alma por no poder ofrecer a sus colaboradores las muchas actuaciones que se le presentaban antes. Supongo que el actual estado de forma de los Gabrieli Consort and Players tiene bastante que ver con esa obligada y prolongada parálisis.  Pero no puede servir de excusa. Ni siquiera de atenuante. Para resarcirme del sabor agridulce que me han dejado, me he propuesto firmemente volver a escuchar hoy mismo, sin falta, aquella "Coronación veneciana de 1595" de Virgin. No se me ocurre otro antídoto mejor.