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CRÍTICA / Nebra golea a Durón


Aranjuez. Capilla del Palacio Real. 10-VI-2018. XXV Festival de Música Antigua de Aranjuez. Núria Rial, soprano. Accademia del Piacere. Director: Fahmi Alqhai. Obras de Durón, Torres, Bononcini, Nebra y Alqhai.

Eduardo Torrico

Elaborar un programa con obras de dos compositores a modo de comparación (o de confrontación) tiene siempre el riesgo de que uno de ellos salga mal parado, salvo que ofrezcan ambos un nivel similar, lo cual no es siempre factible. Contrastar a Sebastián Durón con José de Nebra es una auténtica faena para el briocense, básicamente porque el calagurritano no es solo el más genial autor español del siglo XVIII, sino probablemente de toda la música española (con permiso de Tomás Luis de Victoria, claro).

La soprano Núria Rial y el conjunto Accademia del Piacere llevan tiempo girando un programa con música de Durón (lo exhibieron, por ejemplo, en el Auditorio Nacional en noviembre de 2016). Ahora han añadido a Nebra, en el año del 250º aniversario de su muerte, para hacerlo en varios conciertos y para meterse —de hecho, están justo ahora mismo metidos— en el estudio de grabación.

Durón, por mucho que se le haya pretendido italianizar (y por mucho que esa supuesta italianización incitara al padre Feijoo a descargar sobre él sus irás en la obra Teatro crítico universal), es un fiel exponente del la austera música que sonaba en España el XVII y en los inicios del XVIII. Cuando llegaron los italianos, de la mano de los Borbones, el panorama cambió radicalmente. Pero en Durón fueron solo cambios someros. Sin embargo, Nebra es un músico que suena a italiano por los cuatro costados, aunque su música —la vocal— se cante en lengua española. La adustez de Durón choca frontalmente con el resplandor de Nebra, y eso es algo que no puede evitarse ni ocultarse, por mucho empeño que le ponga el intérprete para que la disparidad no sea tan manifiesta.

El concierto que sirvió para clausurar la XXV edición del Festival de Antigua de Aranjuez (que poco a poco va a recuperando el brillo de antaño, tras el periodo un tanto umbrío al que le condenó la crisis económica) mostró primero la figura de Durón (y la de Torres, porque la zarzuela El imposible mayor en amor, le vence amor no es de Durón sino de Torres, se ponga como se ponga Antonio Martín Moreno, encastillado en su caduca fortaleza musicológica), para ofrecer después el descollante brío de Nebra. Todo ello, entreverado con improvisaciones de jácaras, folías o marionas y con dos piezas genuina y deliciosamente italianas: la cantada anónima All'assalto de pensieri (cuyo manuscrito se halla en la Biblioteca Nacional de España) y la pizpireta aria de Bononcini Pastorella che tra le selve (también depositada en la BNE).

Núria Rial brilló como siempre brilla ella, porque es una excepcional cantante y porque esta música la sabe hacer mejor que nadie. Pero el brillo se apreció mucho más en las piezas de Nebra. Sobre todo en la conmovedora aria Adiós, prenda de mi amor, de Amor aumenta el valor (parece que fue ayer cuando se la escuché por primera vez en la Real Fábrica de Tapices, con El Concierto Español de Emilio Moreno, pero lo cierto es que han pasado ya tres largos lustros; pero me sigo emocionando ahora exactamente igual que entonces).

Accademia del Piacere fue en esta ocasión un consort de violas (dos quintones, una bajo y un violone: los dos primeros, los de Fahmi Alqhai y Rodney Prada; la viola da gamba propiamente dicha, la de Johanna Rose, y el violone, el de Rami Alqhai), con acompañamiento de clave, el de Javier Núñez, quien, por cierto, se marcó un espeluznante Fandango de Nebra. El trabajo realizado por Fahmi Alqhai para adaptar estas obras a este orgánico es antológico, calificativo que cabe igualmente aplicar a la interpretación. El público, que atiborraba la capilla del Palacio Real —hubo que habilitar los espacios superiores para dar cabida a todos los espectadores—, vibró con está música y con su ejecución. Imposible imaginar otro broche mejor para el festival ribereño de este año.