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CRÍTICA: Natalia Ensemble, la esencia más pura


Madrid. Auditorio Nacional. 1-III-2017. Natalia Ensemble. Mahler, Quinta sinfonía.

Daniel de la Puente

Un evocador solo de trompeta cierra la puerta al silencio en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional, donde quizás nunca antes había sonado la Quinta sinfonía de Mahler. Pero el mazazo sonoro que sigue a esta intervención no procede de una gran orquesta, sino que son solo dieciséis músicos los que recogen el testigo. Sin embargo, el impacto es el mismo que si hubiera una orquesta de ochenta miembros. Música completa.

Natalia Ensemble hace una versión comprometida de la Quinta que emana de cada uno de los músicos con una energía envidiable por las grandes agrupaciones, que afrontan esta misma música con la cobertura de la masa orquestal. Además, prescinden del director, lo que provoca en contadísimas ocasiones un desequilibrio en el sonido global en el que los metales barren a las cuerdas con pocos miramientos y ciertos desajustes en los endiablados ritmos ternarios (pecados veniales).

Solo ellos saben cómo son sus ensayos, pero en el concierto la comunicación fluyó de manera constante entre miradas, sonrisas cómplices y una insultante confianza en lo que se hacía a cada momento. Cuando todos los componentes del grupo están al servicio de un objetivo que supera la individualidad y se centra en desentrañar la maraña sonora de Mahler, se consigue ofrecer una versión coherente y convincente.

Y en busca de esa coherencia, los músicos de Natalia Ensemble vuelven a la esencia de la música de cámara para gestionar las secciones más delicadas de esta sinfonía con un sonido afectivo, directo y sin reparos.

Los mejores momentos de la velada fueron, precisamente, los de extrema dificultad. El dibujo de las líneas melódicas en cascada de uno a otro miembro del ensemble fue claro, irreprochable, y la fusión de colores entre cada instrumentista dejando su línea en manos de otro, sorprendente en la sencillez y en la precisión.

El conocidísimo adagietto del quinto movimiento, para cuerdas y arpa, cortó el ambiente de la sala de cámara como un escalpelo, y el discurso musical se deslizó sin descanso y con una asombrosa solidez. Y sorprendía tanto ver a los que tocaban en este movimiento como a los músicos que descansaban dentro de la música, sin salir del sonido aunque no estuvieran presentes en la partitura.

Pocos días atrás, el maestro Torrico hacía referencia en estos lares a la esencia del perfume como bien preciado y precioso y, con su valiente interpretación, Natalia Ensemble nos da un baño de puras esencias mahlerianas. Y la esencia más pura va en frasco pequeño.