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CRÍTICA / Morir en Monteverdi, qué dulce morir (A5 Vocal Ensemble en El Canto de Polifemo)


Madrid. Iglesia de las Mercedarias de Góngora. 15-XII-2018. María Jesús Pacheco, soprano. Raquel Batalloso. Teresa Martínez, alto. Julio López, tenor. Alejandro Ramírez, bajo. A5 Vocal Ensemble. Obras de Monteverdi.

Javier Serrano Godoy

Volar es fácil. El pasado sábado 15 tuvo lugar una nueva cita del ciclo de las Madres Mercedarias de la calle Luis de Góngora, como siempre organizada con extraordinario acierto por parte de El Canto de Polifemo.

Y volar es fácil porque bastan dos alas: Claudio Monteverdi y el A5 vocal ensemble. Que el viejo Claudio es un compositor ya mundialmente reconocido por el gran público es un hecho verídico, pero que sus madrigales (monumentales, organizados en nueve libros) no han conquistado ni la cuarta parte de terreno que su incursión operística (de la que miserablemente sobreviven solo tres ejemplos), es otro hecho irrefutable. Y es que Monteverdi, al igual que otros muchos compositores, encuentra en la íntima y reducida forma del madrigal, su expresión más auténtica y libre. Aquí el cremonés se apoya firmemente en el bastón de la exquisita poesía italiana del siglo XVI, que vive un período de esplendor en las figuras de Torcuato Tasso y G. B. Guarini, para dar rienda suelta a las pasiones de un joven muchacho (el autor apenas contaba con 19 años cuando publicó su primer libro de madrigales), o bien llevar a cabo la que posiblemente sea la reforma musical más importante de la historia de este elevado arte. 

Porque el Monteverdi de los tres primeros libros es personal, es brillante y, además, avanza. Y es a ese compositor al que tuvimos la enorme suerte de escuchar recreado con admirable pulcritud por el conjunto sevillano. A5 supo dar una lectura tremendamente dúctil, cerebral, y a la vez cargada de sentimiento. Dúctil porque no es fácil acorralar con acierto las muy diversas emociones que emanan de madrigales tan dispares, desde aquellos que gobierna el sentido trágico del amor platónico, hasta las dulces imágenes bucólicas de Il pastor fido. Cerebral porque es una música de un altísimo nivel técnico, con verdaderas acrobacias armónicas y contrapuntísticas, que bien resueltas producen ese arrebatador efecto narcótico que traen las disonancias en la música vocal. Y finalmente, un sentimiento que se desprende en la tremenda amalgama de muerte y desesperación, pero también de amor y locus amoenus, que conforma la interpretación monográfica de los madrigales, sin duda un proyecto tan valiente como necesario en este país.

Nos sería grave olvidar el feliz regalo que nos proporcionaron estos brillantes artistas a modo de bis. Tuvimos la suerte de escuchar una villanesca del muy ilustrísimo Francisco Guerrero, aprovechando la cercanía de las fiestas, y lo que es más importante, nos dieron también un obsequio futuro al terminar la velada con uno de los madrigales del cuarto libro, volumen que verá íntegramente la luz en sus gargantas el vecino mes de enero en su Sevilla natal. 

Y es que, desde hace varios años, Sevilla también tiene un sonido especial, puesto que la música antigua española ha encontrado allí uno de sus mejores focos de atracción. Nosotros no podemos hacer otra cosa que aplaudir con fuerza la calidad que nos fue expuesta por A5, aplaudir con más fuerza aún el enorme proyecto que acometen, y dejarnos las manos con la labor de El Canto de Polifemo por traer a Madrid músicas de primer nivel a bajo costo, en lugares idílicos y en excelente compañía.