Ud. está aquíInicio / CRÍTICA / A medio camino

CRÍTICA / A medio camino


Madrid. Audtorio Nacional. 21-IX-2018. Haydn, La creación. Orquesta y Coro Nacionales de España. Genia Kühmeier, soprano. Maximilan Schmitt, tenor. Markus Werba, barítono. Director: David Afkham. 

 Arturo Reverter

El primer compromiso de la temporada del titular de los conjuntos dependientes del INAEM no ha sido cualquier cosa: nada menos que el oratorio La creación de Haydn, una composición maravillosa, que aúna descripción panteísta y proyección humanista, poblada de audacias armónicas, de esbeltos contrapuntos y de cautivadoras y aéreas melodías. Afkham ha sabido penetrar aquí de manera más afortunada que en otra partitura sinfónico-coral como la Pasión según San Mateo de Bach —que es cierto que pide otras cosas—, ofrecida la temporada pasada. Ha brindado una versión más clara, de planteamientos más y mejor definidos, de concepción en este caso abiertamente clásica, bien que con apuntes prerrománticos en ciertos fraseos, en la pasajera elongación de los tempi, en la general amplitud de los tutti.

Señalemos que en el estreno vienés de 1799, dirigido por el autor, concurrieron en total no menos de 220 ejecutantes, con lo que se establecía una indudable grandiosidad. Con el tiempo, los directores han ido aclimatando y adecuando el orgánico a miradas teóricamente más acordes con el estilo y la época. A lo cual no hay mucho que oponer siempre que la planificación sea equilibrada. Afkham no alcanza, creemos, la deseada coherencia al enfrentar una orquesta, más bien reducida, de concepción clásica, con sólo tres contrabajos, con un coro dos veces mayor, constituido por unos 65 elementos. Ello llevó a momentos en los que el balance no fuera del todo ideal.

Pero hubo instantes muy logrados. La misma Introducción, ese formidable y modulante Caos, tuvo una acertada caligrafía, con atención a las disonancias. Hubiera quedado mejor con una acentuación más dramática y un mayor relieve tímbrico; algo que en general cuidaría la mano rectora –sin batuta siempre- en tramos posteriores de la interpretación. Así en el hermoso diálogo de Eva y Adán, donde las maderas, siempre eficaces y musicales, en ese y en otros instantes, con Sotorres, Balaguer y Anchel a la cabeza, brillaron. Como lo hizo el propio Afkham al exponer, muy canónicamente, particularmente en la tercera parte de la obra, los diálogos, los tríos y las intervenciones corales. Ahí mostró la elegancia de la línea, la calidez del legato, el transparente dibujo y la acentuación lírica más convincente.

La desproporción entre coro y orquesta se notó en muchos momentos, aunque la rectoría, de todos modos, fue hábil a la hora de mantener un mínimo equilibrio. Un tanto muy positivo fue la forma en la que se consiguió el pianísimo inicial y el crecimiento inmediato hasta el monumental acorde de do mayor en las palabras Und es Ward Licht (Y la Luz se hizo). La masa coral sonó aquí empastada y afinada; virtudes que no se mantuvieron en todo momento, como en el cierre del nº 10 Stimmt a die Saiten, bastante confuso en sus últimos peldaños. Nos gustó, en cambio, el cuidado con el que se elaboró el delicado crescendo que pinta la salida del Sol y la sutileza con la que se anunció la aparición de la Luna. Poco clarificados los fugati del coro que cierra la primera parte, Der Himmel resalen.

Muy logrado tejido instrumental en la airosa aria de Gabriel Auf Starkem Fittiche, estupendamente pespunteada, y acentuados y expresivos ostinati en el terceto nº 27, Zu dier, o Herr. También contundentes y expresivos contrapuntos en el Coro que cierra esa segunda parte, Vollendet ist das grosse Werk. En el Coro Heil dir, o Gott se consiguió, salvando una cierta borrosidad de las líneas, una adecuada contraposición de planos. Las cuerdas, y las maderas, brillaron limpias, certeras en el dúo final, Holden Gattin. Como remate, Afkham consiguió mantener un cierto aseo en los fugati e imitaciones que van labrando el brillante final de la obra, que se inicia con las palabras Singt dem Herren alle Stimmen! y en donde el coro se comportó. Su actuación general nos pareció digna, con muchos instantes en los que se consiguió el deseado empaste. El titular de la ONE trató de aplicar una pátina de "autencidad" a la versión, buscando un espectro sonoro relativamente fiel al original, aunque sólo de manera muy tímida. Se usaron dos trompetas naturales, que concedieron al conjunto en ocasiones una atractiva sonoridad de época con sus penetrantes voces. Las flautas de madera aportaron dulzura tímbrica y suavidad. Esos toques pasajeros, esas miradas al pasado sirvieron para enriquecer el colorido.

De los tres solistas, notable alto para la Kühmeier, una soprano lírico-ligera ágil como un pájaro, de timbre lustroso y afilado, cristalino y penetrante, que ascendió al do sobreagudo de su primera intervención con relativa facilidad. No siempre mantuvo el temple y en determinados caracoleos perdió tersura y emitió sonidos más bien desabridos como en algún momento del dúo Eva-Adam (Ir dunklen Hain’, por ejemplo). En todo caso siempre estuvo por encima de sus dos compañeros. Schmitt es un tenor lírico-ligero, más lo segundo que lo primero, de timbre tirando a gangoso y un cierto tembleque vocal. Hizo frases y se comportó con general musicalidad. Werba es evidentemente un barítono y así se indica en el programa. Un barítono lírico, con alguna resonancia engolada, provisto de buenos graves; pero insuficientes para revestir del necesario empaque a las frases más comprometidas de la primera y segunda partes del oratorio, como las que ocupan la segunda mitad del recitativo acompañado Gleich öffnet sich der Erde Schoss.