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CRÍTICA / Magistral homenaje a Chopin


Alicante. Teatro Principal. 19-X-2017. Daniil Trifonov, piano. Obras de Barber, Chopin, Grieg, Mompou, Rachmaninov, Schumann y Chaikovski.

José Antonio Cantón

La presentación del joven virtuoso del piano Daniil Trifonov en la inauguración del cuadragésimo sexto ciclo de la Sociedad de Conciertos de Alicante ha significado todo un acontecimiento acorde con la importancia de dicha institución ya que, por mérito alcanzado en sus más de cuatro décadas, está considerada como una de las más prestigiosas de España. El programa elegido fue toda una exquisita selección de obras de compositores que necesitaron en algún momento de su experiencia creativa evocar la figura de Chopin, uno de los hitos del piano de todos los tiempos y sustancial referente de la música romántica.

El recital se inició de la manera más intelectual imaginable con las Variaciones sobre el Preludio op. 28 nº 7 de Chopin de Federico Mompou. Daniil Trifonov ha sabido captar el tema y sus transformaciones desde un entendimiento sólo reservado a los intérpretes de privilegiada musicalidad. Transmitió por un lado el sentido de la etérea mazurca del músico polaco que sirve de motivo y, por otro, la secreta sensibilidad y contención emocional del compositor catalán. La interiorización de cada una de las doce piezas de esta obra fue de tan alto nivel que se pudo apreciar hasta qué punto el músico evocador alcanzaba el mismo rango estético que el evocado. En este sentido fueron determinantes sus interpretaciones de la tercera, décima y undécima variaciones en las que el pianista se instaló en una sublimación expresiva de difícil alcance. Equiparar la gran personalidad de ambos compositores fue un gran acierto por parte Trifonov, consiguiendo en tal intención una memorable recreación.

Seguidamente su actuación entró en un espacio más anecdótico del programa, no por ello menos interesante. Se iniciaba con la sustancial pieza titulada Chopin perteneciente al admirado Carnaval op. 9 de Robert Schumann que, escuchada aisladamente fuera del conjunto de la obra, no perdió sentido alguno al verse realzada la fidelidad evocativa de su inspiración. Le siguió un Estudio (Homenaje a Chopin) op. 73 de Edvard Grieg, en el que se percibió el piano más esencial del compositor escandinavo. El Nocturno (Homenaje a John Field) op. 33 de Samuel Barber fue una de las sorpresas de la velada por cómo Trifonov supo transmitir la condensada belleza del pensamiento romántico de este gran compositor norteamericano, en el que evoca al inventor del nocturno como microforma musical. Lo tradujo con un arpegiado muy contenido y una cristalina ornamentación de su preciosa melodía, alcanzando así uno de los momentos cumbre del recital. Después de un toque tan excelso, podía haberse prescindido de la intrascendente mazurca "Un poco di Chopin" op. 72 nº 15 de Piotr Illich Chaikovski, que fue expresada con tal grado de riqueza que su recreación superó con creces el valor estético de la propia composición fruto, entre otras cualidades, de ese alto sentido del ilustrado aforismo raison du coeur que sólo poseen los grandes hacedores de arte.

El recital retomaba la enjundia ofrecida en Mompou con la interpretación de obras capitales de Rachmaninov y Chopin: del primero las Variaciones sobre un tema de Chopin op. 22, y del segundo, las Variaciones sobre el dúo 'Là ci darem la mano', del Don Giovanni de Mozart, op. 2 y la Segunda Sonata op, 35. Daniil Trifonov supo en tales composiciones mostrar la enorme musicalidad que encierran sirviéndose de un mecanismo de sobrecogedores efectos. Uno de los más destacados fue su capacidad de llevar el legato a límites de ruptura métrica, intensificando así su sentido emocional. Tal intención tuvo sus momentos culminantes en las variaciones de aire lento de Rachmaninov, mostrando una concentración absoluta en la decimo sexta, y un sonido embaucador en la vigésimo primera, después de haber mantenido limpia aceleración en las fulgurantes décima y vigésima que, de algún modo, precedían la impresionante recreación del último movimiento de la sonata, verdadero anticipo del piano postromántico, en el que Trifonov dejó patente el exclusivo marchamo que sólo detentan pianistas de antología.

Como no podía ser de otra manera, ante su extraordinaria versión de la sonata, el público expresó su admiración con un ardoroso aplauso que confirmaba la singularidad de este intérprete, sin género de duda, una de las rutilantes estrellas que habitan ya en el panorama internacional con exclusiva y subyugante personalidad artística. En agradecimiento al entusiasmo del auditorio hizo una magistral versión de la Fantasía-Impromptu en Do menor op. 66 de Chopin, que me hizo recordar las singulares creaciones que de esta preciosa obra hicieron en el pasado siglo pianistas de la talla de Alexander Brailowsky o Witold Malkuzynski, chopinianos de referencia, que en esta ocasión han sido superados con suficiencia.