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CRÍTICA / Música de cámara para inaugurar las Jornadas de piano de Oviedo


Oviedo. Auditorio Príncipe Felipe. 7-XI-2018. Judith Jáuregui, Piano. Cuarteto Signum. Obras de Dvorak y Schumann.

Nuria Blanco Álvarez

Las Jornadas de Piano Luis G. Iberni vuelven un año más al escenario del Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, en esta ocasión con la pianista Judith Jáuregui junto al Cuarteto Signum. No deja de llamar la atención que en el acto inaugural no fuera precisamente el piano el protagonista de la velada, pues se interpretaron sendos Quintetos para cuerda y este instrumento; claro que aun mayor sorpresa causa que el concierto extraordinario de cierre de temporada vaya a estar protagonizado por Juan Diego Flórez en recital con piano y se incluya también dentro de estas jornadas. 

Las dos obras elegidas para esta ocasión fueron el Quinteto para piano y cuerda nº 2 en La mayor, op. 81 de Dvorak y el de Mi bemol mayor, op. 44 de Schumann, piezas emblemáticas del repertorio camerístico y de una notable dificultad ante determinados tempi vertiginosos. El conjunto alemán es poseedor de una indudable calidad, sin embargo, podría haber presentado un sonido más uniforme. Los dos instrumentos graves mostraron en sus momentos solistas un apasionado y bellísimo timbre, muy cálido, que contrastaba con el estilo del violín principal, con un vibrato menos templado y un sonido más entrecortado, que llegó a contagiar al resto del cuarteto en determinados momentos, como en el tercer movimiento de la obra de Schumann.

No por ello Florian Donderer —inexplicable que no aparecieran los nombres de los miembros de la agrupación en ningún lugar del programa de mano— deja de ser un violinista interesante y refinado, con una afinación, en general, muy cuidada, aunque su estética interpretativa es tan personal, que resalta en el contexto de una agrupación de tan pequeño formato. La supuesta protagonista de la noche fue Judith Jáuregui, que aportó su buen hacer al piano para ofrecer unas adecuadas versiones de las obras interpretadas. Resultó especialmente llamativa la conocida Marcha fúnebre de la obra de Dvorak, con sus evocadores momentos, en una obra superior en ejecución a la segunda. El Quinteto de Schumann, de gran dificultad, no alcanzó la cohesión lograda en la primera parte del concierto, sin menosprecio del satisfactorio nivel ofrecido a lo largo de esta inauguración de temporada. 

No podemos dejar de comentar el desatino de la organización en la elección del nuevo formato de los programas de mano, que no acaban de encontrar su estética, cambiante año tras año. La cartulina que ahora recoge, a modo de portada, la fecha y nombre de las agrupaciones, es tan diminuta que apenas puede leerse y queda además prácticamente desprendida del resto de páginas, que presentan un tamaño algo mayor.