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CRÍTICA / Más que un concierto, un acontecimiento


Las Palmas. Auditorio Alfredo Kraus. 21-IX-2018. Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Elisandra Melián, soprano. Ève-Maud Hubeaux, mezzosoprano. Coro de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. Coro ACO de la Ópera de Las Palmas. Director: Karel Mark Chichon. Obras de Díaz Jerez y Mahler.

Justo Romero

A pesar de su ambigua acústica, el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria se antoja buen espacio para la Segunda sinfonía de Mahler. Imborrable en el recuerdo la remota pero muy presente versión ofrecida el 23 de enero de 2002 por Riccardo Chailly al frente de la mahlerianísima Concertgebouw de Ámsterdam, con el Coro de la Radio de Ámsterdam y las voces excepcionales de Janice Watson y Petra Lang. El grandioso canto de resurrección ha retornado al mismo espacio para convertirse en punto de partida de la temporada 2018-2019 de la Filarmónica de Gran Canaria, primera liderada por su flamante director titular y artístico, el británico de origen gibraltareño Karel Mark Chichon (Londres, 1971).  

Como decía Federico Sopeña y recuerda en las notas al programa su discípulo José Luis García del Busto, hay obras, muy pocas, cuya interpretación supone "más que un concierto, un acontecimiento". En esta ocasión el "acontecimiento" ha servido para recuperar la sólida tradición mahleriana de la Filarmónica de Gran Canaria, orquesta que en su haber cuenta con una más que notable discografía dedicada al creador de La canción de la tierra, que incluye las sinfonías 1, 3, 4, 5 y 7. También para establecerse como espacio de encuentro y recuperación de una brillante memoria —el periodo titularizado por Adrian Leaper— eclipsada por el gris y largo tiempo en el que la orquesta fue liderada por Pedro Halffter (2004-2016).

Ahora, orquesta y su nuevo titular quieren hacer borrón y cuenta nueva de aquél discreto pasado reciente para afrontar un periodo de expansión y nuevos horizontes y futuros. La OFGC, que sufre el desgaste de la época Halffter con una sonoridad y empaste descuidados y alejados de los que lució en las grabaciones mahlerianas bajo la batuta de Leaper, ha dejado asomar, sin embargo, ese poso en una versión que, sin alcanzar lo sobresaliente, sí se distinguió por su redondez global y por momentos de cuidada e irrebatible intensidad expresiva. Chichon organizó con pericia y autoridad las enormes y peligrosas energías que confluyen en esta obra de gigantescas intensidades. No se dejó llevar por la tentación efectista y tuvo el tino de optar por una visión calibrada y razonablemente argumentada en sus cinco movimientos; meticulosamente controlada, que apuntó más al interior de la materia sonora sin por ello desatender la evidente grandilocuencia de una obra en absoluta exenta de ella.

Acaso podría haberse esperado aún mayor tensión y contundencia en la frase inicial de la cuerda grave; o más misterio y fascinación en la prodigiosa entrada del coro en un pianísimo que no llegó a tal, o incluso fuste coral y vocal tanto en las dos solistas —bastante mejor la mezzo suiza Ève-Maud Hubeaux que la correcta soprano canaria Elisandra Melián en su velado cometido— como en los dos coros grancanarios —ambos aficionados— que se sumaron al acontecimiento, con entrega, generosidad, disposición y disciplina. Detalles que en absoluto impidieron que la versión desprendiera, en su conjunto, verdad, intención, solvencia, entusiasmo y emoción. La respuesta del público que abarrotó el Auditorio para no perderse el "acontecimiento", fue —como siempre que se escucha una buena versión de esta obra compleja y excepcional— tan entusiasta como lógica y merecida.

Antes, como preludio del inmenso fresco sinfónico, se escuchó con carácter de estreno absoluto Spectra fractalis, apenas siete minutos con los que el compositor y pianista tinerfeño Gustavo Díaz Jerez (1970) se ha erigido ganador del concurso convocado por la Fundación Martín Chirino para seleccionar una obra destinada a envolver sonoramente el espacio ideal de la sede de la Fundación del admirado escultor nacido en Las Palmas en 1925, ubicada en el grancanario Castillo de La Luz.

Pieza de hilvanada y precisa escritura, de texturas que en su incesante crecer y decrecer dinámico se entrelazan para establecer una sutilísima evolución que explora inagotables texturas tímbricas. Spectra fractalis es composición muy afín al fascinante universo escultórico de Chirino, cuyas abstractas figuras han sido, como señala el propio Díaz Jerez, "materia prima" de unos pentagramas que exploran "la aparente paradoja entre el estatismo y dinamismo de la escultura Herramienta poética inútil de Martín Chirino, la cual oscila muy ligera y sutilmente en su enclave en el Castillo de La Luz".