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CRÍTICA / Lirismo costreñido


Málaga. Teatro Cervantes. 17-II-2018. Gregory Kunde, tenor. José Ramón Martín, piano. Obras de Bellini, Bernstein, Bizet, Britten, Duparc, Gershwin, Leoncavallo, Rodgers, Verdi y Weiss.

José Antonio Cantón

Como cita destacada dentro de la programación lírica del cervantino teatro malagueño, la presencia del tenor norteamericano Gregory Kunde debería haber suscitado más expectación que la que se constató con una presencia de público que rondaba los tres cuartos de aforo. Se presentaba con un repertorio variado, que le es propio por su carácter vocal spinto que le ha situado como especialista en el bel canto italiano y el romanticismo francés, sin olvidar su evolución expresiva hacia papeles de superior enjundia dramática, llegando a alcanzar más de setenta a lo largo de su carrera.

Para iniciar su actuación interpretó tres canciones de Henri Duparc, siendo la primera, Lamento, adecuada forma de preparar la voz, dada la suavidad casi fantasmal de su línea vocal que refleja los sombríos textos del poeta Théophile Gautier. Le siguió Extase, en la que el cantante supo transmitir el estilo poético simbólico subyacente en los versos de Henri Cazalis, empezando a notarse que el cantante no estaba en su mejor forma pese a la sensualidad que dio a su expresión. Esta circunstancia vino a confirmarse en Chanson triste, aunque mitigada por la musicalidad del acompañamiento de José Ramón Martín, pianista que está llamado a ser un más que interesante liederista.

Continuó con la famosa aria La fleur que tu m'avais jetée que canta Don José en el segundo acto de la ópera Carmen de George Bizet, en la que Kunde apoyó su voz más en el estilo que en la emisión, actitud que mantuvo en las tres ariette pertenecientes a las quince que integran la colección Composizione da camera de Vincenzo Bellini que, desde su delicado belcantismo le sirvieron para preparar el final de la primera parte del recital que estaba integrado por un destacado momento de la ópera Pagliacci de Ruggero Lenocavallo: Recitar! … Vesti la ciubba. Kunde se entregó totalmente al momento dramático que contiene, sabedor de que sus resonadores vocales, extraño leve vibrato, y emisión no se encontraban a la deseable altura expresiva tantas veces disfrutada por el aficionado en su dilatada trayectoria como cantante destacado en el elenco internacional. Sólo se encontraba cómodo en los registros medios bajos recitados, donde imponía su indiscutible clase. Empezó a confirmarse en esta actuación un lirismo constreñido por manifiestas irregularidades técnicas en su voz. 

La obra con la que se iniciaba segunda parte no hizo sino confirmar tal sensación dada la complicada interválica y contrastes expresivos que tiene y exige una de las más famosas arias verdianas como es La vita è inferno all'infelice, que canta Don Álvaro en el tercer acto de la ópera La forza del destino, anhelando a su amada Leonora, momento que inmortalizó en su tiempo el recordado y admirado tenor nacido en Brooklyn, Richard Tucker. El recital empezó a ofrecer nuevas sensaciones para el oyente con la versión que Kunde ofreció de cuatro canciones pertenecientes a las más de cincuenta que contiene la colección de Arreglos completos de canciones populares del británico Benjamin Britten. Kunde, conocedor del estilo que pretendía el compositor, supo reflejar con una voz concernida de desigual línea de canto, la naturalidad estilística que pide este repertorio, con tan sinuosa expresividad que permitía al oyente percibir la sencillez del sentido popular de sus simples ritmos y melodías con eficaz naturalidad. Sin duda fue el más destacado momento de la actuación de Kunde.

Siguió sirviéndose de su dominio estilístico en las canciones que interpretó de Bernstein y de los hermanos Gershwin así como la famosa (What a) Wonderful world de George David Weiss versión del clarinetista Bob Thiele, que inmortalizara el genial trompetista Louis Armstrong con su personalísima voz quebrada en su desgarro. Para terminar cantó una popularísima canción en el ámbito anglosajón como es You'll never walk alone perteneciente al musical Carousel que compusiera Richard Rodgers sobre un libreto de Oscar Hammerstein, que ha llegado a convertirse en el himno del legendario equipo de Inglaterra, Liverpool Football Club, lo que hizo saltar alguna emoción entre el público británico asistente al recital.

El concierto terminó con dos bises que dejaron constancia hasta qué punto quedó afectada la voz de Grygory Kunde; la romanza de Leandro, No puede ser, perteneciente a La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal, y la luciente aria Nessun dorma, que vinieron a concentrar todo el entusiasmo del auditorio ante una actuación que no reflejó la fama de la que venía respaldado este cantante, que tuvo en el pianista valenciano José Ramón Martín un más que eficaz compañero de viaje canoro.