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CRÍTICA / Las esencias y el frasco pequeño


San Lorenzo de El Escorial. Teatro Auditorio. 5-VIII-2017. Arriaga, Sinfonía en Re. Beethoven: Sinfonía nº 3 op. 55, "Heroica". Natalia Ensemble. 

Arturo Reverter

Lleva algunos años este conjunto, constituido, en formaciones camerísticas variables, por un puñado de excelentes jóvenes instrumentistas, españoles y foráneos, aplicándose en la interpretación de reducciones de partituras sinfónicas de distinto tonelaje. Su disco con la Quinta sinfonía de Mahler fue justamente aclamado, en paralelo con su recreación en vivo, que tuvimos ocasión de aplaudir en el Auditorio Nacional hace unos meses.

Marchan por el mismo camino estos muchachos en los arreglos de otras dos sinfonías, estas tan disímiles como las reseñadas arriba. No aparecen firmados los trabajos, aunque cabe suponer que entre sus principales artífices figuran sobre todo el contrabajista José Andrés Reyes —que se dirigió al público en el descanso para decir unas cuantas generalidades sin descender a comentar la verdadera entraña de la labor— y del flautista André Cebrián, que llevaron la voz cantante en aquella obra mahleriana. El resultado es en este caso también positivo y además servido por una ejecución precisa y clara, fogosa y elocuente.

Nos convenció más el arreglo de la obra de Arriaga, de estructura más clásica y menos complicada, de exposición más diáfana, de temática más nítida y de líneas menos pobladas, aunque nos dio la impresión de que se primaba en exceso la voz de los vientos en detrimento de las cuatro cuerdas. La ausencia de trompetas elimina ciertos brillos y otorga una penumbrosidad muy agradable al espectro. La trompa del magnífico Maciej Baranowski nos pareció en exceso presente. Pero los tempi estuvieron juiciosamente administrados y el canto discurrió elegante y puro. Muy bien Oleguer Beltrán en su matizada delineación del hermosísimo tema fundamental del Andante.

La Heroica, por supuesto, plantea mayores problemas, aunque, básicamente, la instrumentación sea la misma. La envergadura, la amplitud, la grandiosidad de los desarrollos, el aliento protorromántico marcan la diferencia. Hay momentos de difícil reducción para un conjunto de nueve instrumentistas. Aparte de la lógica levedad, de la falta de espesor de la sonoridad, de la ausencia de carne sinfónica, se detectan carencias contrapuntísticas, lo que incide particularmente en el extenso y complejo desarrollo del primer movimiento uno de los fragmentos orquestales más impresionantes de Beethoven, en donde las tensiones tímbricas y armónicas, sobre todo en los dramáticos diálogos cuerda-maderas, alcanzan su plenitud. Pero la transparencia de la redacción polifónica suple ese efecto y ello contribuye asimismo el bien diseñado planteamiento rítmico; que juega igualmente a favor en los primeros compases de afirmación de la obra, pese a que en este caso los sforzandi nos supieran a poco. Los contratiempos, los silencios, los ataques no tuvieron el deseado vigor.

Hábilmente, el Natalia Ensemble, combina en el trío del Scherzo la voz de la única trompa con la del fagot y la del clarinete en busca de un efecto parecido al original con las tres trompas sonando a la vez. Recursos de este tipo son prodigados en este arreglo que, en definitiva, nos ofrece una versión de cámara de una sinfonía gigantesca; y lo hace con suficiente rigor y probidad. Incluso aunque en los compases postreros de la composición todo quede demasiado pequeño, exento de empaque y grandeza. Pero no se pueden pedir peras al olmo.

Lo conseguido por este arrostrado y juvenil grupo de músicos es de alto nivel. Los nueve merecen ser mencionados. Aparte los ya citados Baranowski, Reyes, Beltrán y Cebrián, están Behrang Rassekhi, viola; Tomás Jamnik, violonchelo (el único sentado); Jérémy Sassano, oboe; Darío Mariño, clarinete (capaz de leer la partitura a más de dos metros de distancia), y la única fémina, la excelente y movediza María José Rielo, fagot. Buena entrada y reconocible éxito final.