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CRÍTICA: La primera Movida Madrileña


Madrid. Capilla del Palacio Real. 8-III-2017. XXVII Festival Internacional de Arte Sacro. Alicia Amo, soprano. Musica Boscarecchia. Obras de Corselli, Torres, Nebra y Brunetti.

Eduardo Torrico

Dícese que la Movida Madrileña fue un movimiento surgido a finales de los años 70 del pasado siglo que convirtió a la capital de España en uno de los centros musicales más boyantes de aquella Europa. Pero Madrid ya había tenido otra movida musical mucho más floreciente 250 años antes, que además perduró en el tiempo algo más de medio siglo. Surgió a la sombra de los primeros Borbones, con aquellos músicos italianos que se trajeron para amenizar sus veladas en un país que les era por completo desconocido y del que no apreciaban ninguna de sus costumbres ni ninguno de sus gustos.

Cuando uno se remonta al cosmos musical de las cortes de Felipe V, de Fernando VI y de Carlos III, los nombres que vienen inmediatamente a la memoria son los de Domenico Scarlatti, Carlo Broschi “Farinelli” y Luigi Boccherini. Pero hubo muchos más. Y casi tan importantes como ellos, como anoche se encargaron de evidenciar Alicia Amo y Musica Boscareccia en el que sin duda alguna es el lugar más emblemático de aquella época y de aquella España: el Palacio Real de Madrid.

Francesco Corselli fue, junto a Scarlatti, el más notable de los primeros italianos que llegaron a Madrid. Lo hizo en 1733. Y ya nunca más salió de aquí (falleció en 1778). Se hizo tan español, tan madrileño… que hasta castellanizó su nombre: Francisco. El último exponente de aquellos compositores-intérpretes transalpinos fue Gaetano Brunetti (que también castellanizó su nombre: Cayetano). Un tanto opacado por la enorme sombra de Boccherini, Brunetti (cuya obra está siendo objeto de un notable impulso recuperador en los últimos tiempos) pasó casi toda su vida en España: llegó a Madrid en 1760 (con apenas 15 años) y falleció en Colmenar de Oreja en 1798. Pero hubo otros más, no solo italianos: españoles como José de Nebra e, incluso, como José de Torres italianizaron su música y dieron un giro radical al arcaico estilo que había permanecido como residuo de la monarquía de los Austrias.

En diversas etapas y en diversos cargos, Torres, Corselli, Nebra y Brunetti trabajaron en la Capilla Real (Torres y Corselli fueron maestros; Nebra, vicemaestro y organista; Brunetti, violinista). A Torres, Corselli y Nebra les unió, además, la tarea —junto a Antonio de Literes— de reconstruir los fondos musicales de la biblioteca real, totalmente asolada en el incendio del viejo alcázar de los Austrias en la Nochebuena de 1734. Con todo, cada uno conservó su propio estilo, lo cual quedó perfectamente plasmado en el concierto de anoche cuando, tras interpretarse un Salve Regina de Torres en un estilo barroco aún añejo, se escuchó a continuación una trío para dos violines y violonchelo de Brunetti en perfecto estilo clasicista.

Corselli, con dos cantadas y una sonata para violín y bajo continuo, fue el eje sobre el que pivotó el programa. Justo era: no solo estuvo vinculado a la Capilla Real del Palacio de Oriente —la misma que acogió al concierto— durante cuarto largos decenios, sino que además el grueso de la obra que de él ha sobrevivido se halla depositado en la biblioteca de palacio (sin ir más lejos, cerca de setenta cantadas). Corselli es un músico extraordinario que aún está por descubrir (los primeros esfuerzos, muy meritorios, corrieron a cargo de Emilio Moreno y de El Concierto Español en las postrimerías del pasado siglo). En la voz de Alicia Amo, su música sonó célica. Estamos ante una cantante con un presente magnífico y con un porvenir esplendoroso (no hace mucho que decidió dejar el violín para dedicarse por completo al canto). Su voz es cálida y envolvente, y sus agilidades resultan prodigiosas. Sabe tratar con exquisito mimo hasta el último de los afectos que contiene esta música, en la que ella de desenvuelve como pez en el agua.

Musica Boscarecchia es una formación de relativo nuevo cuño, pero sus miembros (los violinistas Andoni Mercero y Alexis Aguado, la violonchelista Mercedes Ruiz, el laudista Juan Carlos de Mulder y el clavecinista y organista Carlos García Bernalt) atesoran una amplia experiencia en el campo de las músicas históricas. Mercero es un brillantísimo solista, uno de los mejores violines que hoy por hoy se dan en el panorama nacional. Ese trío de Brunetti estuvo sublime, no solo por la labor de Mercero, sino también por la de Aguado y Ruiz (¡qué increíblemente buena es la música de cámara de Brunetti!).

Fue un concierto memorable, que ratifica el altísimo nivel que hasta el momento está ofreciendo la presente edición del Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid.