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CRÍTICA / La obra olvidada del padre Soler


Madrid. Iglesia de San Jerónimo el Real. 19-X-2017. La Grande Chapelle. Director: Albert Recasens. Obras del padre Soler.

Eduardo Torrico

No es infrecuente que un compositor quede sepultado por el éxito de una obra. O por una única parcela de su producción. El padre Antonio Soler (1729-1783) es un buen ejemplo: el largo centenar de sonatas que escribiera para clave ha provocado que muchos piensen que solo se dedicó a este instrumento, cuando la realidad es que su creación en el ámbito de la música religiosa, tanto en latín como en español, es más vasto y no menos brillantes. El cura olotense compuso 10 misas, 5 requiem,  9 misereres, 24 himnos, 13 magnificat, 28 lamentaciones, 16 oficios de difuntos, 16 responsorios, 6 motetes, 4 salves o 132 villancicos, entre otras muchas más. Pero nadie o casi nadie parece interesarse por ello. De hecho, solo hay una grabación discográfica con este contenido: la realizada en 2005 para el sello Glossa por el clavecinista holandés Jacques Ogg al frente de un grupo llamado Lyra Baroque Orchestra (del que nunca más se ha vuelto a saber) y, claro, de la Escolanía del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en el que Soler pasó más de la mitad de su vida (en concreto, sus últimos 31 años).

El infatigable Albert Recasens se ha propuesto reparar el despropósito y, a lo largo de este fin de semana, ha grabado en la catedral de Cuenca con su grupo, La Grand Chapelle, un ramillete de obras sacras en latín de su paisano Soler. En concreto, un Dixit Dominus a 4 y ripieno (obra de 1754, que lleva el número 18 en el catálogo de Samuel Rubio), un Magnificat a 8 (nº 259), la Lamentación I del Juves Santo del año 1762 (nº 94), una Salve Regina a 5 de 1753 (nº 9) y un Miserere a 8 (nº 295). Pero antes de ponerse frente a los micrófonos, Recasens y sus huestes presentaron el pasado jueves este mismo programa en un concierto que tuvo lugar en la Iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid, que por algo Soler fue sacerdote jerónimo.

Si en el caso de sus sonatas para clave no hay duda a la hora de vincularlas con el estilo de Domenico Scarlatti, bastante más complicado resulta explicar qué patrón sigue —si es que sigue alguno concreto— la música vocal religiosa de Soler. Hay una inequívoca influencia italiana. Más concretamente, una influencia pergolesiana, pues el compositor de Iesi gozaba en aquel momento de una extraordinaria fama en toda Europa, debida casi más a su prematura muerte (con 26 años) que a la calidad de su producción. Tal era esa desmedida fama, que fueron infinidad las obras que se le atribuyeron sin que hubiera el más mínimo indicio de que pudiera ser suyas. Al margen de esa influencia italiana, se percibe otra menor, centroeuropea (probablemente, de la Escuela de Mannheim), que a veces hace recordar a compositores como Johann Christian Bach o como, incluso, un Mozart temprano.

Es música fulgente esta de Soler (al menos, la que figura en el presente programa), a la vez que compleja. Los armónicos con los que habían de enfrentarse aquellos niños soprano (los más dotados, a los que se reservaban las partes solísticas) son peliagudos, lo cual habla por sí mismo del grado de preparación que tenían esos niños cantores. Recasens ha contado aquí con la participación de dos voces sopraniles extraordinarias: Perrine Devillers y Lina Marcela López. En realidad, todos los cantantes que han participado en este proyecto gozan de un nivel altísimo: las sopranos —además de las dos mencionadas— Laura Martínez Boj y Axelle Bernage; los contratenores Flavio Ferri-Benedetti, Gabriel Díaz y David Sagastume; los tenores Nicholas Mulroy (un lujazo poder contar con él), Javier Martínez Carmena (actual director de la Real Capilla Escurilense) y Andrés Miravete; el barítono Josep Ramón Olivé y el bajo Javier Cuevas. Otro tanto cabe decir del apartado instrumental, en la que ha oficiado de concertino la excelente violinista rumana Mira Glodeanu.

Música soberbia, que cobra aún mayor interés por lo desconocido de la misma, e interpretación a la altura de esa música, lo cual ojalá sirva para abrir definitivamente el filón vocal del padre Soler, sobre todo si tenemos en cuenta que dentro de no mucho (12 años) se conmemorará el tercer centenario de su nacimiento.