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CRÍTICA / La NDR Elbphilarmonie sienta cátedra en la Quincena Donostiarra


San Sebastián. Auditorio Kursaal. 22-VIII-2018. Christian Gerhaher, barítono. NDR Elbphilarmonie. Director: Krzysztof Urbanski. Obras de Mahler y Brahms.

Ana García Urcola

Hemos tenido la suerte de escuchar en el marco de la Quincena Musical Donostiarra a la Orquesta NDR de la Filarmónica del Elba (Elbphilarmonie) bajo la batuta del joven director polaco Krzysztof Urbanski, concierto que ha constituido un auténtico hito de esta 79ª edición del festival. El programa Mahler-Brahms que presentaron permitió además al conjunto desplegar todas sus posibilidades y lucirse al máximo. La solidez y profesionalidad de que hicieron gala en el Adagio de la Décima sinfonía de Mahler no fue sino el anticipo de todo lo que vino después. En esta bellísima y exigente partitura, que anuncia ya no pocas páginas de Berg, la orquesta dejó constancia del altísimo nivel de todas sus secciones, con mención particular a las maderas. La complicidad con su principal director invitado fue evidente desde el comienzo.

Urbanski es un director de gesto medido —que no inexpresivo—, que controla perfectamente la pulsación rítmica; de cada obra pero que deja respirar y explayarse a sus músicos. Esta confianza mutua da resultados excelentes en la gestión de voces,  la tensión dramática y el fraseo, y les permite obtener cotas muy elevadas de lirismo. Esta fue la tónica general también en los siete lieder de Des Knabenwunderhorn que completaron la primera parte y que fueron interpretados por un Christian Gerhaher absolutamente insuperable. El conocido barítono brindó una versión magistral caracterizada —como es habitual en él— por una extremada atención al texto que nunca es empañado por ningún exceso vocal. Es el sentido del poema el que guía la expresión musical y cada inflexión de la voz. Y Gerhaher es un auténtico maestro en el arte de explotar las dinámicas y los colores, de hacer brillar o de apagar el timbre de su instrumento consiguiendo siempre proyectar el sonido. Realmente nos hizo rozar lo sublime, de no ser por la Banda de Móviles y el Coro de Tísicos del Kursaal, que se obstinaron en boicotear cada pianissimo y cada silencio y en no dejar al público realmente interesado paladear esos instantes supremos.

Tratándose de una orquesta radicada en Hamburgo, era justo y necesario interpretar a Brahms y la obra elegida fue su Segunda sinfonía. Urbanski y la Elbphilarmonie brindaron una versión bastante ortodoxa de la obra, muy imbuida de romanticismo, lo que permitió por otra parte apreciar la diferencia estilística con las obras de Mahler. Una vez más quedó patente la claridad de ideas de Urbanski y la entrega total por parte de su orquesta. Gran trabajo de todas y cada una de las secciones, entre las que destacamos unos contrabajos portentosos y un metal redondo y excelente. Sin duda ninguna, una velada musical para recordar por su altísimo nivel de principio a fin. Y un nombre a retener: Krzysztof Urbanski.