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CRÍTICA / La música del Siglo de Oro


Madrid. Corral Cervantes. 10-IX-2017. El teatro del arpa: obras de Fernández Huete, Ruiz de Ribayaz, Hidalgo, De Zala, Bonet de Paredes y Martín y Coll. Sara Águeda, arpa y voz.

Tonos humanos al ayre español: obras de Marín, Guerau, De Murcia y Sanz. Xavier Díaz-Latorre, guitarra. Lucía Martín Cartón, soprano.

Eduardo Torrico

Si hay dos instrumentos representativos de la música española del XVII —órgano al margen— esos son, sin duda, el arpa y la guitarra (esta última, sobre todo de la música más popular). Por ello, se me antoja que ha sido una excelente idea por parte de los organizadores de la Fiesta Corral Cervantes incluir los domingos de este mes de septiembre sendos recitales de arpa y guitarra para ofrecer una visión más, junto al omnipresente teatro, de lo que fue nuestro Siglo de Oro. 

En el corral levantado en plena Cuesta de Moyano, uno de los enclaves culturales por antonomasia del Madrid de nuestros días, se podido escuchar (y aún se podrá escuchar los días 17 y 24) al arpa de Sara Águeda y a la guitarra de Xavier Díaz-Latorre, acompañada esta por la soprano Lucía Martín-Cartón, uno de esos noveles valores canoros españoles que asombran a media Europa (en España, ya se sabe, el proceso para destacar es mucho más lento y, además, aquí se pasa de la noche a la mañana de "joven promesa" a "vieja gloria").

Águeda ofrece su espectáculo "El teatro del arpa", que no es sino un recorrido imaginario por personajes y situaciones típicos del Siglo de Oro: la dama, el criado, la anciana, el enamorado, el baile, la locura, la poesía, el juego, la magia… Cada uno de ellos está relacionado, en la cabeza de Águeda, con danzas y sones de la época: zarambeques, pavanas, jácaras, gaitas, achas, españoletas, canarios, zarabandas… Son obras escritas o recopiladas por Fernández Huete, Ruiz de Ribayaz, Hidalgo, De Zala, Bonet de Paredes o Martín y Coll. También se incluye alguna pieza de Cabezón o de Mudarra, anteriores en el tiempo. Es un espectáculo semiescenificado y Águeda, además de tocar el arpa, muestra también sus encantos vocales en varias ocasiones, para recordarnos, quizá, que los arpistas del Renacimiento y del Barroco hispanos además de tañer, cantaban. 

Con apenas una hora de descanso, llega el turno para Díaz-Latorre y Martín Cantón. Su espectáculo se titula "Tonos humanos al ayre español" y, además de escucharse, como su propio nombre indica, tonos de José Marín (nuestro más ilustre compositor de tonos, junto a Juan Hidalgo, por supuesto), se escuchan obras para guitarra (marionas, cumbées, jácaras, canarios, tarantelas…) de Francisco Guerau, de Gaspar Sanz o de Santiago de Murcia (los tres más insignes guitarristas del XVII). Los dos intérpretes saben extraer de esta música el mucho jugo que tiene, lo cual es digno de mencionar, porque no tocos son capaces de abordar el XVII español como es debido. 

El corral de comedias es un recinto temporal. Se trata, en realidad, de una carpa moderna con un pequeño escenario ingeniosamente decorado —imitando uno de aquellos corrales del Siglo de Oro, obviamente—, con aire acondicionado y con esos incómodos y antiestéticos bancos del Ayuntamiento de la capital que desde hace decenios venimos padeciendo los madrileños. Se oyen los ruidos de fuera, que es lo que seguramente ocurría en cualquier localidad española del XVII. Para remediarlo, se recurre a una amplificación sutil y efectiva, que para nada desvirtúa el sonido de los intérpretes. Con lo que nadie contaba era con que el domingo 10 la Vuelta Ciclista a España concluyera en los paseos del Prado, Recoletos y Castellana: los horrísonos helicópteros que viajan con la llamada "serpiente multicolor" nos dieron la tarde. "Cosas del directo", como se suele decir.