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CRÍTICA / Josu de Solaun, un pianista excepcional


Valencia. Palau de la Música. 9-II-2018. Temporada Orquesta de Valencia. Josu de Solaun, piano. Director: Ramón Tebar. Obras de Shostakovich, Prokofiev y Rachmaninov. 

Justo Romero

¡Absolutamente impresionante! Josu de Solaun deslumbró y desbordó las mejores expectativas con una interpretación a todas luces excepcional del Segundo concierto para piano y orquesta de Prokofiev, un concierto plagado de retos y exigencias, que se sitúa entre las más comprometidas piezas del repertorio para teclado. Es difícil imaginar un pianismo más poderoso y creativo. De Solaun demostró en su fantástica interpretación en el Palau de la Música junto a la Orquesta de Valencia y la batuta de Ramón Tebar, ser uno de los más interesantes virtuosos del teclado contemporáneo. Español y no español.

Apoyado en un pianismo vigoroso, sabio, de refinada factura y grandiosa musicalidad, protagonizó una versión de referencia. Tras escucharle —era la primera vez que este crítico lo hacía en vivo— hay que afirmar sin tapujos ni rodeos que estamos ante un verdadero coloso del piano, capaz de hacer brillar el vanguardismo rompedor, valiente, atrevido y revolucionario de un concierto como el Segundo de Prokofiev, estrenado en 1913 y cuyas enormes requerimientos técnicos son únicamente equiparables a los del Segundo concierto de Bartók y el Tercero de Rachmaninov.

De Solaun, virtuoso de verdad, a la antigua usanza, hizo valer su resplandeciente técnica y el extravertido calado dramático de su firme naturaleza artística para conjugar una versión que aunó brillantez y efusión, fuego y delicadeza. De intenso fundamento pianístico, en la que despuntó el origen soviético de su depurada escuela pianística, heredada a través de maestros tan ilustres como el cubano Horacio Gutiérrez (formado en Moscú) y Nina Svetlanova, alumna de Heinrich Neuhaus y primera esposa del gran Yevgueni Svetlanov. Todo los momentos de su actuación fueron memorables, como el de la imponente cadencia del primer movimiento, quizá la más extensa y también compleja de todo el repertorio pianístico, que Solaun afrontó con naturalidad, fortaleza, poderío, opulencia sonora e intenso sentido expresivo.

El público se quedó tan fascinado como el crítico ante semejante prodigio pianístico y dispensó al final de la actuación una sonora y larga ovación bien adobada de bravos. Gracias a tan entusiasta respuesta aún se pudo disfrutar, fuera de programa, de una tiernísima y coloreada versión de La Maja y el ruiseñor de Granados que llevó al límite las dinámicas más tenues y sutiles del piano. Fue el anticlímax perfecto al intenso fuego prokofieviano, y preludio de la segunda propina, una Ondine cargada de reflejos y transparencias que remitía al más puro Debussy.

Josu de Solaun contó con el implicado y atento acompañamiento brindado por Ramón Tebar y la Orquesta de Valencia, quienes en la segunda parte abordaron la tardochaikovsquiana Segunda sinfonía de Rachmaninov. Tebar tuvo el acierto de no añadir más almíbar al mucho que ya tiene la sinfonía, pero su vertiginosa versión fue de trazo grueso, precipitada y exenta del aire imprescindible para expandir melodías y armonías. Excesiva en decibelios y ayuna en morbidez y temple. Exactamente lo mismo que ocurrió a la rutilante lectura de la Obertura festiva de Shostakovich escuchada al inicio de tan ruso programa.

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