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CRÍTICA / Jóvenes valores del piano en Córdoba


Córdoba. Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco. XVII Festival de Piano Rafael Orozco.

08-XI-2018. Jean-Paul Gasparian. Obras de Chopin y Debussy.

09-XI-2018. Victoria Vassilenko. Obras de Albéniz, Debussy, Ginastera, Prokofiev y Chaikovski.

José Antonio Cantón

El Festival de Piano Rafael Orozco de Córdoba ha iniciado su décimo séptima edición con la actuación de dos jóvenes valores como son el francés Jean-Paul Gasparian [en la foto] y la búlgara Victoria Vassilenko, que han tenido en común el incluir en su programa un pequeño homenaje a Claude Debussy, del que se ha cumplido este año el centenario de su muerte. 

El primero lo ha hecho con las tres Estampes en las que ha dejado esa sensación de seguridad estilística recibida de la mejor tradición pianística gala personificada en sus maestros Jacques Rouvier, Michel Béroff o Michel Dalberto, dando más relevancia al color tímbrico que a las armonías, apoyado en una respuesta sonora verdaderamente sugestiva como la ofrecida en la primera pieza, Pagodes, jugando siempre con la imaginación del oyente, que también pudo sentir el evocador magnetismo nazarí de la segunda, La soirée dans Grenade, tocada con acentuado encantamiento. Su lectura programática fue manifiesta en la última, Jardins sous la pluie, dejando la sensación de un límpido refinamiento descriptivo.

Victoria Vassilenko [en la foto]  se ha adentrado en el compositor francés a través de su personalísima Pour le piano, en cuyos tres episodios demostró su interesante aproximación a estas piezas. Así en la primera, Prelude, hizo una distinción entre los momentos de ritmo definido con aquellos otros de fluido encanto. En la siguiente, Sarabande, enfatizó la importancia interválica de su discurso. Finalmente dejó patente su mejor mecanismo en la Toccata, pieza de elevadas exigencias técnicas.

Retomando la actuación de Gasparian hay que decir que el resto de su recital estuvo dedicado a Chopin. Fueron el Vals en Mi menor póstumo y los Nocturnos op. 27-2 y Op. 48-1 con los que inició su periplo por la música del compositor polaco, antes de tocar su Polonesa-Fantasía op. 61. Con esta obra demostró su elevada capacidad de recreación, especialmente en el fatum dado al agitado pasaje central cargado de heroico sentimiento. Dejaba así una notable impresión antes de las cuatro baladas anunciadas para la segunda parte del programa.

Tocó con apasionado dolor la primera desde su impactante introducción hasta su acelerado final, donde desplegó su mejor equilibrio sensorial. Lo mismo ocurrió en los dos prestos de la segunda, que tocó con arrebato, acentuando el contraste con la dulzura de su presentación. Con gran vitalidad, dio un carácter poético a la tercera, sabiendo encadenar y contrastar tensiones al realzar los anhelantes e inquietantes estados de ánimo que se suceden en su desarrollo. Un determinante sentido de nocturnal ensoñación marcó su interpretación del principio de la última, para derivar en un aumento del variado sentido emocional de su trayectoria hasta llegar a la coda, que tocó con calurosa pasión, terminando así un recital en el quedó plasmado cómo se encuentra cerca de lograr ese nivel de individuación musical al que todo intérprete debe aspirar. Como deferencia a un público que reconoció sus méritos, Gasparian ofreció tres bises, destacando con la sobria espiritualidad con la que transmitió el Coral, BWV 639 de Juan Sebastián Bach, versión de Ferruccio Busoni, y en la escurridiza gracia danzante con la que expresó el "Vals brillante" op. 34-3 de Chopin.

A Victoria Vassilenko hay que situarla en el pianismo de Europa oriental donde destaca la potente escuela rusa, personificada en España en la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid por Galina Eguiazarova y Dimitri Bashkirov, su maestro desde 2011 a 2015. De tal influencia hay que derivar su mejor resultado en la interpretación de Dumka op. 59 de Piotr I. Chaikovski, y en la Sexta Sonata op. 82 de Sergei Prokofiev. Con la primera aparecían las esencias musicales de esta pianista que pudo con los contrastes que encierra esta obra, muy rusa de concepto temático y a la vez muy variada en contenidos episódicos. Captó el mensaje de cada uno con claridad, generando ese difícil totum que plantea su interpretación. Parecidamente hay que entender su versión de la obra de Prokofiev, mejor planteada estilísticamente que ejecutada técnicamente, sobre todo en los pasajes líricos, como el tercer movimiento, en los que siempre sacó su sentir romántico, superando en expresividad las exigencias mecánicas y percusivas de los otros tres tiempos, técnicamente, de muy elevado virtuosismo. Así mismo fue relevante su interpretación de las Danzas Argentinas de Alberto Ginastera que tocó en la primera parte de su actuación, en especial la Danza de la moza donosa que cantó con gran gusto, así como Oriental, segunda pieza de Cantos de España de Isaac Albéniz, su mejor concepción de esta suite.

Con estos dos recitales, se ha abierto el Festival Rafael Orozco que en esta edición cuenta con nueve conciertos entre los que destacan los protagonizados por Boris Berman, Vladimir Ovchinnikov y Benedetto Lupo, este último en la jornada de clausura con la Orquesta de Córdoba bajo la dirección de Gerrit Priessnitz interpretando el Concierto en Sol de Maurice Ravel.