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CRÍTICA / Jóvenes magistrales


Madrid. Auditorio Nacional. 30-V-2017. Ciclo Generación Ascendente, Escuela Superior de Música Reina Sofía. Viviana Rojas, María de los Angeles Gómez, Alejandra Acuña, Beatriz Oleaga, Pablo Martínez, César Arrieta, Lope Morales. Natacha Correa, clarinete. Pau Catalá, trompa. Miho Kawai, viola. Laura Szabo, violonchelo. Madalit Lamazares y Duncan Gifford, piano. Obras de Schubert, Brahms, Britten, Poulenc, De Puerto y Lecuona.

Blas Matamoro

El pasado 30 de mayo, en el madrileño Auditorio Nacional, presentó la Escuela de Música Reina Sofía una selección de sus alumnos en un programa de lo más variado, que los límites de esta crónica fuerza a reseñar escuetamente. Madrid, capital hospitalaria, reúne en las aulas citadas a jóvenes de muy variada procedencia, en prueba de lo cual los enumero: en el canto: Viviana Rojas, Alejandra Acuña y Pablo Martínez (Colombia); María de los Ángeles Gómez y César Arrieta (Venezuela) y Beatriz Oleaga (España). En el instrumentario: Lope Moraes, flauta y Pau Catalá, trompa (España); Natacha Correa, clarinete (Colombia); Miho Kawai, viola (Japón) y Laura Szabó, chelo (Hungría).

Mención aparte merecen los pianistas Madalit Lamazares (Cuba) y Duncan Gifford (Australia) porque no sólo cumplieron con excelencia sonora, propiedad en muy variables estilos y adecuado equilibrio de volúmenes sino que mostraron lo principal de la velada: una cultura interpretativa en lo musical y lo verbal que abrazó a Schubert (El pastor en la roca), un par de canciones de Brahms con viola obligada, Poulenc (Banalités), Britten (Serenata para tenor, trompa y piano), Lecuona (Poemas de Juana de Ibarbourou) y un estreno de David del Puerto, Cinco poemas de Javier Alfaya, para voz femenina y pequeño conjunto. Esta última obra resultó una grata novedad por su cuidadísima caligrafía que permitió al música ir desde un extremo intimismo (pizzicati del chelo) hasta una conjunción oscura y dramática, conforme las exigencias de los textos, nocturnos, con un orillo entre la elegía y la memoria erótica. Los solistas instrumentales, en todo caso, lucieron una luminosa densidad de timbres y una intensidad de fraseo realmente impecable. Los vocales, una total suficiencia de medios, una gran soltura técnica y lo dicho: propiedad idiomática y dominio de estilos, épocas y caracteres.

La música siempre junta lo disperso y armoniza las consonancias y las disonancias. En el brillante resultado obtenido con este programa, a todo lo dicho se añade ka juventud de la Generación Ascendente, según reza la fórmula de la serie. Una generación que ya ha ascendido a la maestría y que permite mirar con optimismo melófilo los tiempos futuros. En manos y voces jóvenes, el viejo arte sonoro está siempre lozano como recién compuesto.