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CRÍTICA / Incidencias acústicas


Úbeda. Auditorio del Hospital de Santiago. 22-VI-2017. II Soundtrack Festival de Úbeda. Orquesta de Córdoba. Juan Echanove, recitador. Director: Josep Vicent. Obras de Beethoven y Shostakovich.

José Antonio Cantón

Recuperado para Úbeda, después de algunas ediciones celebradas fuera de la ciudad, la segunda etapa del Soundtrack Festival de Úbeda ha contado con siete eventos, destacando entre ellos el comentado en este texto por dos razones fundamentales: por un lado, la música incidental que compuso Shostakovich para el Hamlet de Shakespeare (Op. 32a de su catálogo), que fue destinada a un primer montaje de dicha tragedia por el gran dramaturgo soviético Nikolai Akimov en 1932, y que tuvo una mayor repercusión cuando se convirtió el año 1964 en la banda sonora del famoso film de mismo título del cineasta ucraniano Grigory Konzintsev. Por otro, la intervención del popular actor Juan Echanove como recitador de los distintos monólogos de esta famosa tragedia intercalados o simultaneados con la música. 

Concitar tres disciplinas como teatro, música y poesía en un concierto no es tarea fácil, requiriéndose una absoluta puesta a punto de cada una de ellas, máxime si se depende de implementos tecnológicos como fue en este caso la sonorización del auditorio, que pedía un mínimo equilibrio acústico entre la voz del actor y el sonido de la masa orquestal. En cuanto al primero, para favorecer la dicción y el entendimiento del texto por parte de público, en cuanto a la orquesta, que su expresividad concatenara con la actuación del personaje en un ámbito de igualdad y complementariedad en la percepción del espectador. Tal intención era evidente que podía inferirse de la actuación conjunta de actor, director y orquesta, pero el resultado no fue así por un inadecuado tratamiento electro-acústico, en el que todos los elementos se solapaban entre sí sin llegar a una elemental coherencia de emisión. Sólo en los momentos en los que la orquesta intervenía aisladamente, se reconducía y normalizaba la recepción del sonido. Juan Echanove se esforzaba en los momentos de mayor carga emocional e intensidad expresiva, pero ello no fue suficiente en momento alguno ante la saturación y compresión sonora que se producía en los pasajes orquestales de mayor grado decibélico. Una inadecuada sonorización de este auditorio ubetense, que posee su centro de ecualización espacialmente muy elevado, así como una extraña utilización del micrófono inalámbrico por parte de Echanove deslucieron la adecuada lectura que de esta muy bien pensada y estructurada música incidental hizo el director alicantino Josep Vicent.

El concierto vino a normalizarse con la siempre decisiva Séptima Sinfonía op. 92 de Beethoven. El director dinamizó la construcción de esta joya del sinfonismo en cada uno de sus movimientos, incitando a la orquesta a un rigor rítmico y a una efusión emocional de alta intensidad, lo que realzaba el típico contraste beethoveniano de jugar con tensión y distensión, como se pudo apreciar en el contenido pulso con que el maestro Vicent dirigió el trío del tercer movimiento, muy bien entendido y correspondido por la orquesta. La dinámica sonora llegó a su punto culminante en el brioso allegro final, en el que el director empleó todos sus recursos expresivos para transmitir tanto a músicos como al público la extrema vitalidad de este movimiento, llegando al límite en su afán de ofrecer su persistente, abrasivo y desenfrenado ritmo, que hacen tan atractiva y a la vez complicada su interpretación, dada la habilidad técnica y el gusto musical que necesita su conducción, rayano en la fantasía, y el aporte espontáneo de invención recreativa que obliga al director a acentuar el ímpetu, el arrebato y la vertiginosidad de este movimiento, cualidades que supo manifestar el maestro Vicent con definida y segura determinación, haciendo valer todo el vigor y fuerza expresiva que encierran los compases de esta incomparable sinfonía. El público respondió con un intenso aplauso, reconociendo un resultado que colmó sus expectativas.