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CRÍTICA / Incantabile (Concierto conmemorativo del 40 aniversario de la Constitución)


Madrid. Auditorio Nacional. 5-XII-18. María Espada, soprano. María José Montiel, mezzosoprano. José Pazos, tenor. Juan Jesús Rodríguez, barítono. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE. Director: Miguel Ángel Gómez Martínez. Obras de Pérez Frutos y Beethoven.

Daniel De la Puente

Con la presidencia de los los Reyes de España y la sala sinfónica del Auditorio Nacional repleta de personalidades del mundo de la política española, la Orquesta y Coro RTVE celebraban este concierto conmemorativo del cuadragésimo aniversario de la Constitución Española en el que se estrenaba una obra de encargo de Iluminada Pérez Frutos con el título Carta Magna.

A las puertas del Auditorio, integrantes del Coro RTVE repartieron octavillas en las que se reclamaba salir de la situación de precariedad en la que se hallan sus llamados profesores de aumento, con contratos artísticos temporales y llamativas diferencias salariales con la plantilla fija.

En la parte estrictamente musical, el estreno, que abrió el concierto, contó con los habituales primeros atriles de la orquesta, que consiguieron siempre un sonido homogéneo, limpio y que permitía escuchar con claridad las líneas en sus momentos concertantes.

La propia Carta Magna es una obra de escucha relativamente sencilla y apta para todos los públicos, con un lenguaje que recordaba a una banda sonora aunque con escaso interés discursivo, limitado a efectos de dinámicas y texturas. Fue calurosamente recibida por un público que guardó un inhabitual silencio durante toda la velada.

En la segunda parte, el himno universal que es la Novena sinfonía de Beethoven se presentaba como el mejor homenaje posible a la Constitución, con toda la orquesta y un menguado coro de 67 integrantes.

La orquesta brilló en el primer y segundo movimiento de la sinfonía, con tempi calmados, sonido bello y muy buenas actuaciones de unas secciones que se escucharon siempre cohesionadas y atentas al discurso, amalgamando un sonido que gana muchos enteros en comparación con el Teatro Auditorio de El Escorial al que la orquesta ha tenido que retirarse en las últimas temporadas.

En el tercer movimiento, sin embargo, se desató cierto caos con las velocidades elegidas por Gómez Martínez, que desproporcionaban de forma incomprensible el discurso musical, y que disminuyeron la inteligibilidad de la música de forma clara.

El cuarto movimiento, todo un hito en la historia de la música al incluir un coro por primera vez, alejándose de los cánones clásicos, tuvo poco de canto y menos de cantabile. Las velocidades estuvieron siempre al borde del abismo y dificultando la tarea de un esforzado coro que ya tenía que hacer frente a su desproporción en número con la orquesta, y de unos solistas que tuvieron serios problemas para seguir los absurdos tempi impuestos desde el podio. Brilló Juan Jesús Rodríguez en toda su actuación como barítono, a pesar de las dificultades, y María Espada fue una Pamina mozartiana cantando Beethoven, siempre con muy buen gusto aunque no sea este su estilo.

En resumen, un concierto que comenzó con muy buenas sensaciones pero que fue decayendo, a pesar del buen hacer de orquesta y coro, en los momentos más interesantes ante el intento de hacer una versión incomprensible y, extrañamente, lejana a su mensaje por la casi nula conexión con el canto.